3 ERRORES al utilizar el NARRADOR que te descubren como un ESCRITOR PRINCIPIANTE

Todos somos conscientes de la importancia de escoger un buen narrador al escribir una novela o relato. No en vano, el lector podrá conocer la historia y podrá vibrar con los personajes a través de su voz. Así, escoger un buen narrador implica reflexionar sobre cuál será el mejor punto de vista para contar la historia, si preferimos o no que ésta pase por el filtro de un personaje (como ocurre, por ejemplo, en los narradores en primera persona), y también tendremos que pensar con qué tono y tipo de lenguaje se expresará.

A lo largo de este artículo te hablo de los desaciertos más comunes que podemos cometer al trabajar la voz del narrador. Aunque, como sabes, hay muchos tipos de narradores (en primera, segunda y tercera persona; personajes o no, etc.) Comentar las particularidades de cada uno de ellos, nos conduciría a un artículo demasiado largo. Así, he escogido los 3 errores más  frecuentes y que pueden aplicarse a cualquier tipo de narrador que estés utilizando en tu novela o relato.

3 errores comunes en el narrador de tu novela o relato

1. Confundir el narrador con el autor

Si nos preguntan en qué se diferencia el autor de un libro con el narrador del mismo, lo tenemos claro: El autor es el creador de la obra y el narrador es quien nos cuenta esa historia. Así, distinguimos sin dificultad que el narrador es también una creación del autor, y a la vez es la herramienta de la que se sirve para transmitir su historia al lector.

Sin embargo, en la práctica de nuestros primeros textos esta diferencia no parece estar tan clara y, en ocasiones, el autor acaba suplantando al narrador. A continuación te expongo tres casos donde se hace evidente esta confusión entre autor y narrador.

a) Desvelar información antes de tiempo

Quizás donde más se percibe esta sustitución del narrador por el autor es en la información que se ofrece al lector sobre los pormenores de la obra . El autor, como creador de la misma, conoce todos los detalles de la historia y de los personajes. Sin embargo, el narrador no tiene porqué saberlos.

A veces somos conscientes de que el narrador no sabe lo que va a ocurrir, sin embargo, realiza algún comentario sobre situaciones que aún no han pasado o que está apunto de suceder. Esto supondría una incoherencia entre el narrador escogido y la información que ofrece.

Pero hay otras veces en que se utiliza un narrador omnisciente (que sí sabe todo lo que sucederá en la obra y, por tanto, no sería incoherente que “supiera” esa información) y tampoco sería recomendable para la tensión de la novela que desvelemos al lector determinada información en ese momento.

En ambos casos, el narrador realiza anticipaciones desafortunadas de lo que acontecerá a los protagonistas. De esta manera acaba con la sorpresa de lo que sucederá en las próximas páginas.

Esto no quiere decir que la anticipación no sea un buen recurso para crear tensión en nuestra novela o relato. Por supuesto que lo es, pero utilizado de la manera conveniente. En este otro artículo te cuento cómo puedes utilizar la anticipación de manera eficaz.

Pero antes de realizar una anticipación hay que pensar en qué se pretende obtener al utilizar ese recurso y valorar si lograremos el efecto que deseamos. Cuando no se evalúan los pros y contras, o bien si se ha escrito esa anticipación de forma espontánea (vamos, que se nos ha “colado” sin darnos cuenta) es probable que estemos “destripando” el final de de nuestra obra o lo que sucederá más adelante.

b) Expresar juicios y opiniones desde la perspectiva del autor de manera explícita

Es probable que en tu novela o relato, además de desear contar una historia, quieras también abordar temas de interés y transmitir un mensaje al lector (como, por ejemplo, hablábamos a propósito de la literatura distópica). En este caso, una de las tentaciones en la que solemos caer en nuestros primeros textos es plasmar nuestras ideas y opiniones personales a través de disertaciones del narrador sobre tal o cual asunto, o bien haciendo que nuestro narrador juzgue el compartamiento de los personajes.

No hay que olvidar que estás escribiendo una obra literaria (no un ensayo). Así, esos temas que quieres tratar y ese mensaje que deseas transmitir lo harás de manera más efectiva a través de las vivencias de tus personajes (y no por medio de largas parrafadas sobre tal o cual cuestión).

Por tanto, evita que tu narrador exprese juicios personales (salvo en el caso de que el narrador también sea un personaje que tenga esas opiniones) y esfuérzate en que el lector los asimile a través de los hechos que estás narradando y de cómo interactúan tus protagonistas.

c) Incluir demasiados datos documentales

Imagina que estás escribiendo una novela histórica y te has documentado con detalle sobre cómo se vivía en la Capadocia del siglo XIII. Te has esforzado en obtener la mejor bibliografía, has recopilado artículos, etc. En casos como este, la tentación de plasmar todos esos conocimientos que tanto nos ha costado adquirir es muy fuerte.

Es cierto que estos detalles pueden gustar, pero en su justa medida, pero no olvides que estás escribiendo una obra literaria, no un ensayo. Así, aunque puedes incluir alguna de esa información, no es conveniente que siembres tu novela con largos párrafos de datos históricos, artísticos, etc.  No olvides que el lector desea saber qué le sucederá a tus protagonistas. Si dedicas muchas páginas a este tipo de cuestiones, es posible que el lector pierda interés por la trama y por el qué sucederá a continuación.

2. Escoger un tono inadecuado y ser redundante

Salvo que el narrador sea también un personaje y vaya acorde a su carácter, intente evitar el lenguaje grandilocuente o vulgar en exceso. Elude también los tópicos y frases hechas. En caso de que desees escribir una prosa más lírica y quieras emplear recursos literarios (símiles, hipérboles, etc.), hazlo, pero en su justa medida. Es sugerente encontrarnos de vez en cuando con alguna metáfora, pero si se nos va la mano, en lugar de sorprender al lector, obtendremos un lenguaje artificioso.

Otro error frecuente en nuestros primeros textos es que el narrador sea redundante. Me refiero a los casos en que el narrador repite lo que se ha expresado en un diálogo o bien cuando, después de haberse desarrollado cierta escena, hace un resumen de lo acontecido. Estas repeticiones no siempre son necesarias. En ocasiones, nos conducen a repetir la información de manera inútil y restan agilidad a la lectura.

Por cierto, a propósito de esto no te pierdas mi artículo 5 ideas para no escribir como se espera.

3. Entorpecer el desarrollo del personaje

Coincidirás conmigo en que el lector vivirá más la historia si se calzar los zapatos del protagonista. La manera más efectiva de lograr este “ponerse en su lugar” es permitiendo que el lector descubra al personaje por sus decisiones, contradicciones y anhelos.

Si el narrador describe a cada momento qué piensa el personaje, insiste en cómo se siente o desvela lo que ha querido decir entre líneas en un diálogo… no conseguiremos esta efecto.

Un buen narrador permite que el personaje se desarrolle por sí mismo. Posibilita que sea el lector quien descubra, a través de su conducta, sus palabras y decisiones, cómo es. Sin duda, a veces es necesario que el narrador describa qué piensa o siente, pero no conviene repetirlo de manera insistente. Como ya he comentado en más de alguna ocasión, el secreto es hacerlo en su justa medida.

Otro desacierto común al escribir nuestras primeras novelas o relatos  es que el personaje no se comporta como el narrador lo ha descrito. Así, el narrador puede decir que Juan es un mal bicho, pero si Juan no se comporta como un mal bicho… hay cierta contradicción entre lo descrito por el narrador y el comportamiento del personaje. Por tanto, no olvides conservar esa coherencia entre lo descrito por el narrador  y lo mostrado por tus protagonistas.

Y tú, ¿has caído en la tentación de cometer estos errores? ¿Qué otros fallos señalarías al utilizar el narrador? Cuéntame, cuéntame…

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RUTH M. RODRÍGUEZ,  Verbalina Escuela de Escritura Creativa

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