6 errores al escribir una novela que puedes evitar

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Hoy estoy un poco nostálgica. Me ha dado por recordar cuando era niña y jugaba en el parque. Me encantaban los columpios. Podía pasarme la tarde entera impulsándome en ellos y disfrutando de esa sensación de velocidad. Hasta que un día mi curiosidad infantil hizo que me bajara de la silla del columpio, me situara frente a ella (no detrás) y la empujara para ver cómo se movía. Como imaginarás, mi madre me dijo que dejara de hacer eso porque tarde o temprano la silla me golpearía la cara (en realidad mi madre me lo dijo de una manera bastante más expresiva y menos tranquila que como te lo estoy contanto yo ahora). Y también imaginarás que no hice el menor caso y que continué propulsando la silla del columpio cada vez más deprisa hasta que, efectivamente, impactó en mi rostro. El resto de la situación no te lo cuento porque estoy segura de que ya sabes lo que ocurrió. Pero sí quiero resaltar una cosa: no he vuelto a empujar un columpio de esa forma en la vida. No he vuelto a cometer ese error.

Creo que estarás de acuerdo en que una manera de aprender algo nuevo y que no se olvide es equivocándose. Pero también coincidirás conmigo en que es casi inevitable avisar de esos errores cuando uno los conoce y los aprecia en el otro. Por esta razón hoy quiero comentarte 6 errores frecuentes al escribir una novela. En esta lista no he recogido errores en cuanto a estilo o redacción: construcción de frases, vocabulario, adjetivos, etc. He preferido centrarme en aspectos como la construcción de la trama, la estructura de la novela y el proceso creativo del libro entre otros.

Algunos de estos errores también se pueden producir al escribir relatos u otro tipo de texto. Yo los he cometido y es posible que tú en tus textos iniciales también hayas caído en alguno de ellos. Si es así, no te preocupes. Cometer errores forma parte del aprendizaje.

6 Errores frecuentes al escribir una novela

  1. Extendernos demasiado en el planteamiento de la historia
  2. No valorar diferentes comienzos para nuestra novela
  3. Escribir un final sorprendente pero sin pies ni cabeza
  4. Enumerar acciones poco relevantes
  5. Seguir criterios equivocados al dividir en capítulos
  6. No revisar la novela terminada

1. Extendernos demasiado en el planteamiento de la historia

Todos hemos aprendido que las historias tienen un planteamiento, un nudo y un desenlace, ¿verdad? Considero que no es necesario hacer hincapié en esta estructura ni en las características de cada una de estas fases. Sin embargo, sí que me gustaría destacar algo de lo que ya hablé en Cómo triunfar con la elipsis narrativa: puedes omitir partes de tu historia para conseguir brevedad, agilizar el ritmo y aumentar el suspense en tu novela. Aunque en ese artículo sobre la elipsis te exponía con más detalle de qué manera puedes poner en práctica esta técnica narrativa, ahora quiero centrarme en cómo puedes llevarlo a cabo en el planteamiento de la historia.

A veces este planteamiento se extiende demasiado porque el autor desea presentar muy bien a sus personajes y quiere construir a la perfección la atmósfera y los escenarios donde se desarrollará la aventura. No cabe duda de que informar al lector sobre cómo son los protagonistas es un objetivo importante y a tener en cuenta. Pero en ocasiones este deseo de “hacerlo bien” nos puede conducir a que se nos “vaya un poquito la mano”. Entonces, narramos las experiencias particulares de los personajes (aunque no tengan que ver directamente con la historia principal de la novela), los describirmos al detalle tanto a ellos como al lugar donde viven, su espacio de trabajo… y el resultado es que llenamos demasiadas páginas sin que se haya esbozado con claridad el porqué de la aventura. Esto puede crear en el lector la sensación de no saber “hacia dónde va” y hacer que pierda su interés.

Recuerda que no es necesario expresarlo absolutamente todo. El lector es inteligente y, si le dejas las claves adecuadas, sabrá atar cabos y comprender eso que tú como autor le estás sugiriendo. Por otro lado, puedes ir presentando a tus personajes a medida que se va desarrollando la acción. Descúbreselos poco a poco al lector. No es necesario que el lector sepa al detalle como es el protagonista antes de que eclosione la aventura (es decir, en el planteamiento), sino que puede ir conociéndolo mientras se van sucediendo los acontecimientos.

Piensa que tu personaje es como un regalo. ¿No te parece más emocionante quitar el lazo y retirar poco a poco el papel que lo envuelve para descubrir qué es, que el que te den el regalo directamente? - piopíalo    

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2. No valorar diferentes comienzos para nuestra novela

Cuando te sientas delante del ordenador o de la hoja en blanco pretendes algo más que informar sobre unos hechos o sobre cómo son unos personajes (lo que podrías conseguir en un artículo de prensa o en una biografía). Tu propósito es, evidentemente, escribir una novela o un relato. En otras palabras, tu intención es hacer Literatura. Por ello, tendrás que prestar atención no sólo a lo que cuentas sino también a cómo lo cuentas.

Por esta razón, es conveniente que valores cuál es la mejor manera de hacer llegar al lector no sólo la historia, sino también el tema que quieres abordar, el mensaje y la evolución de los personajes. Es decir, tienes que reflexionar sobre cómo narrarás tu historia para que el lector la viva de esa manera que tienes en tu cabeza.

Por lo general, cuando tenemos una idea más o menos clara de qué queremos contar, sentimos muchas ganas de sentarnos a escribir y no nos paramos a reflexionar sobre cómo vamos a presentar al lector nuestra historia. En este caso, nuestra escritura suele ser espontánea y, por lo general, solemos narrar de la siguiente forma:

  • a. siguiendo un orden cronológico y atendiendo a la estructura planteamiento-nudo-desenlace.
  • b. en narrador historiador omnisciente (tercera persona) o mediante el narrador actor protagonista (primera persona, protagonista de la historia).

Sin embargo, te propongo que hagas el siguiente experimento con algún relato que ya tengas escrito (un texto breve, para poder trabajarlo mejor): vuelve a escribirlo cambiando la voz del narrador o empezándolo en otro punto de la historia diferente al planteamiento. Es decir, nárralo de otra manera. Al hacerlo te darás cuenta de que el suspense y la tensión variará, al igual que el ritmo y la transmisión de las emociones de los personajes.

Aunque escribir de manera espontánea tiene mucho encanto, te sugiero que reflexiones antes de iniciar tu escritura y valores diferentes maneras de comenzar tu novela. En este momento no me estoy refiriendo a que pienses sólo en la primera frase. Es cierto que escribir una buena frase o párrafo de inicio va a despertar la curiosidad en el lector para seguir leyendo, pero una frase o un párrafo se leen pronto y el interés que puedes despertar no va a durar mucho tiempo si la estructura de tu novela no está bien cimentada o si el narrador que has escogido no es el más adecuado. Ten en cuenta que habrá un cambio profundo en tu manera de contar la historia si, por ejemplo, comienzas “in extremas res” o si en lugar de estar narrada por el protagonista (primera persona), utilizas un narrador personaje secundario (aunque la voz es también en primera persona, la perspectiva de la historia cambiará).

Valorar diferentes inicios para tu novela implica poder realizar cambios profundos en ella y, por tanto, la curiosidad despertada en el lector será más duradera que si atiendes únicamente a la primera frase o párrafo. - piopíalo    

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En el artículo Cómo acabar de una vez por todas con tu libro te hablo sobre cómo puedes planificar el proceso de escritura de tu novela. En la primera fase, la de la preparación de tu libro, uno de los objetivos que te sugiero es precisamente éste: que realices diferentes pruebas de escritura atendiendo al inicio de la historia y la voz del narrador.

3. Escribir un final sorprendente pero sin pies ni cabeza

Al escribir una novela o un relato, es posible que te preocupe que el texto tenga un final que deje al lector con la boca abierta. Sin embargo, en nuestro afán de concluir el libro de manera asombrosa, a veces olvidamos otra máxima: el final debe ser coherente y lógico con la aventura. Creo que estarás de acuerdo conmigo en que la sensación que buscamos cuando leemos es algo así: “¡El asesino es el pianista! ¡No me lo esperaba! Aunque, bien pensado… ¡Claro! No podía ser de otra manera ”. Es decir, en un principio al lector le gusta sorprenderse para pasar después a una comprensión mayor del texto, repasar mentalmente las claves que el autor le ha ido dejando a lo largo del libro y sonreir al darse cuenta de que no las ha sabido enlazar.

La lógica y coherencia del final con el resto de la historia hace que el colofón de tu novela, además de ser sorprendente, sea verosímil. - piopíalo    

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En el artículo Lo que no debes hacer al escribir el final de tu historia y tres maneras de evitarlo te abordo este tema con más detalle (y también te hablo de la técnica deus ex machina, ¿la conoces?).

4. Enumerar acciones poco relevantes

En No me lo cuentes, muéstramelo… ¿o todo lo contrario? te hablaba de las técnicas narrativas de contar y mostrar. Recuerda que por contar entendemos el informar al lector sobre lo que sucede en tu historia, mientras que por mostrar pretendemos que el lector no sólo se sienta informado sino que además pueda imaginar la escena.

No voy a entrar en detalles sobre estas técnicas porque es muy posible que las conozcas bien (aunque si tienes dudas te sugiero que pinches en el enlace y leas el artículo), pero sí quería subrayar un error en el que es fácil caer: “mostrar demasiado”.

A veces, nuestro afán por desear que el lector pueda reproducir en su cabeza cada uno de los movimientos del personaje nos hace escribir una enumeración de acciones que no tienen relevancia en nuestra obra. Con ello, en lugar de contribuir a que el lector “vea” la escena “dentro de su cabeza”, lo que hacemos es ralentizar la escena y alargarla innecesariamente.

La acción que “muestres” al lector debe contener información relevante para la trama. Una vez que la tengas bien escogida, “muéstrasela”. Es decir, trabájala narrando sus detalles para hacérsela más vívida. - piopíalo    

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5. Seguir criterios equivocados al dividir en capítulos

Sobre este tema hablé hace poco en 3 ideas para dividir tu novela en capítulos, pero creo que es necesario reseñarlo aquí ya que lo considero uno de los errores más frecuentes. A menudo me encuentro con novelas cuya división en capítulos se ha realizado siguiendo un único criterio: su número de páginas. En mi opinión, si sólo se tiene en cuenta esta pauta, se están dejando a un lado otras funciones de los capítulos como, por ejemplo, que ayudan a conformar la estructura de la novela y a aumentar la tensión o el suspense narrativo.

A la hora de establecer los capítulos de tu novela, te sugiero que des prioridad al criterio estilístico y estructural frente al de extensión en páginas. - piopíalo    

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6. No revisar la novela terminada

Ya has terminado tu novela. Te ha llevado bastante tiempo, has pensado en los detalles y también has ido prestanto mucha atención a tu prosa. Mientras la escribías, has vibrado con la trama y con la evolución de tus personajes, estás satisfecho del resultado y quieres que llegue en seguida al lector. Sin embargo, ¿tu novela ya está lista para ser publicada?

En mi opinión, se hace necesario que dejes reposar la obra. Pasado un tiempo, puedes volver a leerla y, aunque sigas satisfecho del resultado, es posible que notes que hay aspectos de tu novela que puedes mejorar. Si te hubieras dejado llevar por la emoción de haber terminado tu libro y tu deseo de publicarla inmediatamente, es probable que hubieras enviado a las editoriales una peor versión de tu novela.

Por ello te sugiero que realices una revisión de la obra terminada tras haber tomado distancia de tu texto dejándolo reposar una temporada. Al realizar esa revisión no atiendas únicamente a la ortografía y gramática. Lee tu novela como si fueras “un lector” y disfrútala. Así podrás saber si hay momentos en que la obra no fluye o la tensión baja y podrás corregirlos. Atiende también a cuestiones como posibles cabos sueltos en la trama, que todos los personajes relevantes tengan una función clara en la novela, etc.

 Ya sabes que me queda pendiente hablarte de errores de redacción y estilo, pero eso lo dejaremos para otro día. Y tú, ¿has coincidido con alguno de estos errores en tus textos? ¿qué otros errores destacarías? Cuéntame, cuéntame…

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RUTH M. RODRÍGUEZ,  Verbalina Escuela de Escritura Creativa

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6 thoughts

  1. Ay! me voy a reir de mi misma. He cometido todos los errores, unos en un relato, otros en otro….Al principio se me encogio el corazón, después pense que no podria hacerlo.
    Pero más tarde me dije, si veo los errores podre mejorarlos.
    Tambien tengo ganas de aprender de los errores de redacción y estilo.

    1. ¡Claro que sí, Raquel! Aprendemos equivocándonos, así que no te preocupes si sientes que has cometido estos errores. Como bien dices, ser consciente de dónde puedes mejorar tus textos es un gran paso. En breve escribiré ese artículo con los errores de redacción y estilo más frecuentes. Como decía antes, en éste he preferido centrarmen en esas cosillas que nos preocupan al escribir nuestros relatos o novelas que tienen que ver con otro tipo de cosas. Gracias por pasarte por aquí, leer y comentar. ¡Nos vemos entre líneas!

  2. Es la primera entrada que leo de este blog y me ha encantado. Ya quiero leer los artículos que mencionaste. Y sí, he cometido algunos de esos errores que comentas. Pero mientras más se lee y se escribe se van mejorando.

    1. Muchas gracias, Clarissa, por acercarte por aquí. Me alegra que te haya parecido interesante. Y sí, tienes toda la razón: hay que practicar, y cuanto más se lee y se escribe, más se mejora. ¡Buena suerte y no dejes de escribir!

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