Relatos finalistas del concurso “Palabras en su punto de sal” (I)

A comienzos de septiembre publicamos en este blog el microrrelato “Lu Yanshao” de Anaís Barrios (ver aquí), texto ganador del concurso “Palabras en su punto de sal”, pero sabemos que te has quedado con ganas de leer al resto de finalistas. Recordamos que los finalistas fueron los diez textos más votados por las personas que quisieron dar su opinión tras la lectura de los mismos siguiendo las reglas del concurso que realizamos a través de Facebook.
Esta es la primera de las tres entradas que haremos en este blog con sus trabajos. ¡Buena lectura!
“El secreto de Martina” de Gemma Fernández (24 votos)
Martina, tendida en el suelo de la cocina, abrió los ojos y se puso de pie rápidamente. Desconcertada y abatida, se secó el sudor que caía sobre su frente y comenzó a pelar las patatas. Padecía un trastorno obsesivo-compulsivo que dominaba su vida. El espacio entre los botes de especias, salero y vinagreras tenía que ser siempre el mismo y no soportaba que nadie tocara cualquiera de esas cosas. Echó las patatas en la olla y justo en ese instante se dio cuenta de que el salero había desaparecido. Como si de un acto reflejo se tratara, dirigió su mirada hacia el hueco existente entre el bote del pimentón y el del perejil donde tendría que estar el salero. Tras unos minutos, sus ojos comenzaron a moverse de un lado a otro, su volumen nasal incrementó y su respiración era cada vez más fuerte. Tenía miedo. Aquel martes la mesa se había quedado sin poner, todas las sillas estaban en la misma posición, la casa no olía a comida recién hecha y el salero no estaba en su sitio.

“Misma receta, diferentes ingredientes” de Adriana Marín (16 votos)

Se sintió desvanecer, tras una última mirada a la mesa frente al refrigerador, su cuerpo sucumbió adoptando una posición imprevista sobre el suelo, él sabía que se encontraba en un punto culminante.  Se mantuvo 2 días en el hospital tras diagnosticarle una anemia severa, con un cuerpo pálido y extremadamente delgado.  Al salir del hospital y siguiendo las recomendaciones del nutriólogo aprendió a cocinar, sus padres se desentendieron, no mostraban interés por consentirlo.   La psicóloga no tenía mayores resultados, cambiando así la dinámica. Le otorgó un mes de asueto, donde debería escribir a diario, esto, según ella le ayudaría a reencontrarse con ese ser que tanto había descuidado y que lo había llevado a lo acontecido.   Constantemente pensaba cómo endulzar su vida, qué aderezo necesitaba para ser el hijo que sus padres siempre anhelaron tener.   Fue una noche bajo una lluvia que parecían glasear las calles, cuando vio una convocatoria literaria, extraño predicamento ya que el tema era referente a la comida.  Tomó el reto y experimentando en la cocina, encontró nuevos ingredientes, decorando más que sólo platillos.   Nunca terminó el escrito y tampoco regresó a terapia. Retornó su hambre, ahora tenía ingredientes para seguir cocinando.
“Receta de amor casero”  de Silvia Asensio (14 votos)
Nunca olvidaré las palabras de la abuela, cuando me habló de su secreto. -Hija, te transmito esta receta que ha pasado de generación en generación en nuestra familia y que ha mantenido el amor vivo de nuestras parejas.  Ingredientes: – Dos besos enteros. -Abrazos cortados a cachitos. -Salsa de caricias. Modo de preparación: Introducir en un recipiente amplio todos los ingredientes y cocinar a fuego lento. Sírvase bien acompañado.  Seguí todos los pasos al pie de la letra, pero desde que se inventó el divorcio, la verdad es que falla bastante.
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