Cómo escribir historias de miedo o terror

Aunque puede que te guste leer y escribir historias que te pongan los pelos de punta, es muy probable que no te agrade sentir miedo en tu día a día. Sin embargo, gracias al miedo hemos podido evolucionar como especie. La sensación de amenaza nos obliga a estar alerta por lo que, en caso de que algo peligroso nos acechara, podríamos poner pies en polvorosa y alejarnos de ello antes de un fatídico final.

Pero la vida cambia, el ser humano evoluciona y el miedo del pasado se ha visto enriquecido por nuevas circunstancias. Siempre nos va a poner alerta un ruido inesperado en mitad de la noche (cuando nos sentimos más indefensos por estar privados del sentido de la vista). Sin embargo, creo que a nuestros ancestros prehistóricos un payaso le asustaría porque no sabría qué es, y no le produciría miedo de la misma manera que a alguien que, hoy en día, lee It de S. King.

Como sabes, es durante el siglo XIX, con el Romanticismo, cuando eclosiona la literatura que se ocupa de producir sentimiento de miedo en el lector. De esta época son Poe, Lovecraft, la narrativa gótica, las leyendas de Bécquer, los relatos de vampiros, cementerios, oscuridad, ultratumba…

En algunas ocasiones, en este tipo de obras el miedo está al servicio de emitir una moraleja o una enseñanza al lector. Recuerda, por ejemplo, la obra Don Juan Tenorio de J. Zorrilla donde, además de cementerios y ánimas, se castiga las malas acciones de don Juan con el Infierno, pero se salva tras su arrepentimiento (“un punto de contrición / da a un alma la salvación”). Así, el escritor trabaja el miedo desde una perspectiva racional, ya que pretende ofrecer esa “enseñanza”.

Sin embargo, a lo largo del siglo XX se desarrolla una nueva manera de entender las historias de miedo. Con las ideas de Freud comprendemos que el enemigo también está en nosotros mismos. Los escritores  abandonarán las historias de miedo como instrumento para ofrecer esa moraleja, y comienzan a escribir sobre sus propios miedos, el miedo más primario, el más irracional.

Si te gusta escribir historias de miedo o bien quieres iniciarte en este género, te doy algunas ideas para que tu novela o relato resulte espeluznante.

4 Ideas para escribir relatos y novelas de miedo o terror

  1. Define qué es lo que va a producir miedo en tu obra
  2. Recuerda que la realidad es tu aliada
  3. Crea un protagonista con el que el lector pueda empatizar
  4. Busca la tensión y contruye una ambientación adecuada

Define qué es lo que va a producir miedo en tu obra

Lo que da miedo puede ser un algo indescriptible que no aparecerá hasta el final de tu relato, un ser real o de ultratumba, una enfermedad misteriosa, una presencia del futuro, una obsesión, etc. A la hora de escribir relatos de miedo hay algunos lugares comunes a los que siempre puedes acudir. Los cementerios, las casas encantadas, los vampiros, etc. son arquetipos que puedes trabajar. Si es así, recuerda dar una nueva visión, tu visión, de estos arquetipos, personalízalos y encuentra un nuevo enfoque que ofrecer al lector. Por ejemplo, S. King en El resplandor toma el tópico del castillo o la casa encantada y lo convierte en un hotel.

Por otro lado, lo que nos produce miedo también es algo muy personal. Cada uno sentimos amenaza dependiendo de nuestro acervo cultural, nuestras propias inseguridades y experiencias personales. Qué duda cabe que si en la vida real somos amenazados con un cuchillo, todos sentiríamos miedo; pero cuando estás disfrutando de una obra de ficción, sabes que la amenaza no es real, por lo que puede que una historia de acuchillamientos te asuste menos que una de sucesos paranormales. Indaga en tus miedos cuando te sientes frente a la hoja en blanco. Si escribes sobre lo que te da más te inquieta es probable que puedas transmitir al lector esa amenaza con más fluidez.

Recuerda que la realidad es tu aliada

Para hacer que el lector vibre con tu novela o relato de miedo o terror recuerda que, por muy fantástica o paranormal que sea tu historia, el lector está situado en la realidad. Así, una manera de llegar a él es enlazar ese terror con la vida que el lector conoce.

En las buenas historias de miedo suele haber dos niveles: el nivel de lo real y el nivel donde se sitúa la experiencia de terror. Jack Torrance, el protagonista de El resplandor, es un hombre con una historia personal que bien podría en sí misma inspirar una novela de corte realista. Es un alcohólico en rehabilitación que ha perdido el trabajo por sus accesos de ira y la bebida. Esa violencia también la ha expresado en la intimidad del hogar, habiendo roto el brazo a su hijo de 3 años cuando lo reñía por revolver sus papeles. Su matrimonio pende de un hilo y, para colmo, la idea del suicidio ha revoloteado en su cabeza como consecuencia de su sentimiento de culpa tras sus accesos violentos.

Si metes a una familia de la que no se sabe nada en un hotel encantado  y comienzan a suceder sucesos extraños, puede que al lector le resulte más difícil creerse todos esos hechos que deberían ponerle los pelos de punta. El motivo es que le falta esa conexión con la realidad con la que enraizar e identificarse.

Crea un protagonista con el que el lector pueda empatizar

Lo anterior nos lleva a esta sugerencia: crea un protagonista con el que el lector pueda empatizar. Dótale de características reales, haz que dude, que muestre su debilidad y se sobreponga a ella, que enloquezca…  Si es así y además tiene un pasado con un conflicto realista, el lector podrá conectar más fácilmente que si es un personaje dotado de unas cualidades cercanas al superhéroe o con un pasado impecable.

Por otro lado, procura que los personajes tomen sus propias decisiones ante los hechos que suceden, reaccionen ante ellos de manera coherente a la personalidad con la que les has dotado y que esa reacción sea el motor para el próximo hecho terrorífico. En otras palabras, procura que tus protagonistas no sean personajes pasivos a los que les sucede un horror tras otro, sino que actuen y, fruto de ello, unas veces ganen y otras pierdan.

En esa lucha contra lo que les da miedo, el protagonista procura no sólo por recuperar su propio bienestar, sino también el de algún otro personaje querido por él. Así, relacionalo con otros personajes y muestra esos lazos al lector. Esto ayudará a empatizar con él.

Busca la tensión y construye una ambientación adecuada

Para conseguir que el lector se asuste, dosifica los hechos espeluznantes y busca la tensión. Si escribimos un hecho terrorífico tras otro puede que se nos vaya la mano y el lector, en lugar de tener miedo, le dé la risa porque no lo considere creible. Haz que se note la presencia de eso que produce miedo, pero que no aparezca inmediatamente.

En otras palabras, en este género tener un ritmo trepidante no siempre es beneficioso. Mantén un ritmo calmado que favorezca la tensión y alterna escenas tranquilas y escenas más dinámicas. En esas escenas tranquilas la acción no se desarrollará mucho (de ahí que el ritmo se ralentice), pero eso no quiere decir que no contribuyan a sobrecoger al lector. En ellas construirás la ambientación de tu relato y esa ambientación es otro factor que te ayudará a provocar el miedo.

Cuando hablo de ambientación no me refiero exclusivamente a escenarios de cementerios o casas encantadas. Un desierto o un espacio cerrado también pueden dar miedo, al igual que la hora del día (o de la noche) en que transcurra la acción, si se está o no rodeado de gente, si se escucha un ruido o determinada melodía. Describe los escenarios y el ambiente empleando frases algo más largas que en el resto del texto. Dentente en transmitir esa atmósfera al lector, haz que paladee cada rincón donde se desarrolla la historia de miedo.

Pero este ritmo lento y esa prosa descriptiva no se mantiene en toda la novela o el relato (si es así, el lector se aburriría). Como ya supondrás, hay escenas de acción donde los hechos se suceden de manera más fluida. Estas escenas son las que utilizarás para mostrar ese horror, para detallar el hecho espeluznante.  A diferencia de en el caso anterior, ahora emplea frases cortas y verbos de movimiento. Esto contribuirá al dinamismo de la escena y a agilizar el ritmo de la historia.

Otros dos recursos que te pueden ser útiles para incrementar la tensión en tu relato es jugar con hechos que resulten ambiguos (podrían ser o no terroríficos) y también con la anticipación (aquí te hablo más sobre ello).

Y tú, ¿has escrito alguna vez un relato o novela de miedo? En caso de que lo hayas hecho, ¿cómo ha sido tu experiencia? ¿Tienes algún truco para hacer que el lector sienta verdadero pavor? Cuéntame, cuéntame…

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RUTH M. RODRÍGUEZ,  Verbalina Escuela de Escritura Creativa

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