3 claves para construir un buen arco de personaje

¿Te apetece continuar descubriendo el tema del arco dramático o de transformación del personaje? Eso espero, porque hoy quería comentarte algo que se me quedó en el tintero la semana pasada: ofrecerte 3 claves para que crees un buen arco de transformación.

3 ideas para crear un buen arco de transformación

  1. Procura que el lector tenga claro el “estado A” del personaje.
  2. Haz que el personaje tome sus propias decisiones
  3. Construye un arco sorprendente y coherente

Procura que el lector tenga claro el “estado A” del personaje

En el artículo anterior te explicaba que el arco dramático es la curva que dibuja la evolución del personaje a lo largo de la novela o relato. También te comentaba que esta transformación puede ser interior (si ese cambio se origina en su carácter y valores) o exterior (si lo que se transforma es su entorno o circunstancias).

Para que exista ese arco dramático o de transformación, el personaje tiene que partir de un estado (el “estado A”) que lo forma tanto el conjunto de rasgos que lo definen (interior) como las circunstancias exteriores (su entorno social, laboral, familiar, etc.) Ese “estado A” es el punto de partida desde donde el personaje desarrollará su evolución hacia otro estado.

Estoy segura de que, al igual que yo, pones especial atención al desarrollo del protagonista. Es posible que cuides al detalle cómo será ese cambio, desde el momento en que escribes los primeros esquemas y borradores hasta la hora de redactar tu historia. Incluso puede que dejes alguna pista o anticipación que sugiera la futura evolución del personaje para que todo quede más coherente.

Sin embargo a veces, a pesar de estos esfuerzos, tras repasar lo escrito o recibir la opinión de alguien de confianza, nos damos cuenta de que el lector no ha sentido esa transformación con la fuerza que nos hubiera gustado o, lo que es peor, nos percatamos de que el arco dramático que habíamos trazado no “funciona”.

Desconozco si te ha ocurrido esto, pero por desgracia es uno de los desaciertos que, con frecuencia,  he observado en los textos de los participantes en mis cursos de escritura. Y, también con cierta asiduidad, esto se debe a la misma razón: el lector no tiene una noción clara de cómo es ese “estado A” del personaje.

¿Cuáles son las razones por las que no dejamos claro ese “estado A”? Aunque puede deberse a varios factores, te comento aquí los dos que, según mi experiencia, son más frecuentes:

  1. Has comenzado tu novela o relato in medias res o in extremis y has eliminado el planteamiento sin ofrecer al lector por otros medios la información significativa (y necesaria) que contendría este acto (recuerda los tres actos de la historia: planteamiento-nudo-desenlace). En otras palabras, no se ha construido de manera correcta la elipsis narrativa a la hora de obviar el planteamiento. Si te interesa este tema, te recuerdo que en este artículo te hablaba sobre cómo comenzar in medias res o in extremis. Sobre la elipsis narrativa (qué es, cómo crearla y por qué) puedes leer más información aquí.
  2. Sí has escrito el planteamiento de la historia (bien porque has comenzado ab ovo o porque has realizado una analepsis), pero no han quedado claras las características o circunstancias que compondrían ese “estado A” del personaje. Por lo general, esto suele deberse a que hemos decidido “mostrar” esas características del personaje (no “contarlas”) pero no lo hemos sabido resolver de manera adecuada. En este artículo te hablo con más detalle de las técnicas narrativas de “mostrar” y “contar”.

Bueno, que no cunda el pánico, que las salidas de emergencia están bien señalizadas en caso de incendio. En esos artículos que señalaba antes tienes los recursos para transmitir al lector de manera correcta los rasgos de ese “estado A”.  Podías hacer un flashback, o bien integrar la información en algún diálogo, o mostrarla a través del comportamiento del personaje o del lenguaje no verbal, de su relación con los otros, o trabajar con personajes “tipo”, etc.

Haz que el personaje tome sus propias decisiones

Ha quedado claro que al inicio de la historia el personaje tiene unas características y unas circunstancias que componen el “estado A”. Conjuntamente, el personaje también desea conseguir un objetivo. La peripecia que se desarrolla en tu novela o relato es precisamente eso: los hechos que afronta tu protagonista para conseguir (o no) ese objetivo que anhela.

Como te hablaba en el artículo sobre qué es el arco dramático, la evolución del personaje depende de cómo hace frente y cómo le afectan los hechos que va viviendo. Por esta razón, para que el personaje sea verosímil desde el comienzo de la historia, es necesario que su comportamiento ante esos sucesos sea coherente con los rasgos que encarna en el “estado A”. En otras palabras, el personaje tomará unas u otras decisiones, y el acontencimiento le afectará de tal o cual manera, según sean las características que le hemos proporcionado.

Aunque parezca algo de perogrullo, no lo es. Es probable que te hayas topado con una novela en la que el protagonista va y viene al capricho del autor. Son esas novelas que puede que nos gusten, pero a las que “les falta algo”: que haya una relación lógica entre cómo es personaje, las acciones que ejecuta y cómo le afectan los hechos que vive.

¿Por qué es importante que el personaje tome “sus” decisiones? Porque de esta forma va a provocar de manera coherente el cambio de sus rasgos y el paso al siguiente estado. De este modo, la evolución del personaje es una consecuencia lógica de las cualidades que le hemos asignado o que ha ido adquiriendo a lo largo de la historia. Así, conseguiremos un arco de transformación creíble y verosímil.

Construye un arco sorprendente y coherente

Después de haberte soltado la parrafada anterior, puede que te surja esta pregunta: Con tanta lógica entre las características del personaje y su manera de enfrentar los hechos, ¿no será ese cambio (arco de transformación) demasiado previsible?

Pongamos el ejemplo de mi amiga Pepi. Nos tratamos desde hace años, hemos compartido tiempo juntas y vivido diferentes experiencias. No sólo sé cómo es ella, sino también su historia. Vamos, que la conozco “como si la hubiera parido”.  Así, no me sorprende que actúe como lo hace ante las pruebas que le va poniendo la vida. Sé de qué manera se comportará si alguien le hace un feo, si se queda tirada con el coche en medio de la autopista o si “le entra” un tipo cuando sale de copas. En definitiva, Pepi se comporta de manera acorde con su carácter y a mí, que la conozco tan bien, me resulta previsible. Y tanta previsibilidad me aburre.

Estoy segura de que no quieres que tus personajes aburran y, sin embargo, a la vez estás convencido de que es conveniente realizar lo que te exponía en los dos puntos anteriores:

  1. Informar al lector del “estado A” (en otras palabras, hacer que el lector conozca al personaje casi como yo conozco a Pepi).
  2. Encontrar la coherencia entre sus cualidades y cómo se comporta ante los hechos para que su evolución (el arco de dramático) sea, como decía antes, creíble y verosímil.

¿Qué puedes hacer para que tu personaje sorprenda? Bueno, siempre puedes optar por finalizar tu relato con un deus ex machina (aunque no te lo recomiendo). En mi opinión, es preferible que edifiques esa sorpresa dentro de la coherencia entre trama y personaje. Para ello te voy a dar 4 ideas que espero que te sean de utilidad.

  1. Construye personajes “redondos”, es decir, personajes que tengan rasgos psicológicos y emocionales que puedan entrar en contradicción. De esta manera, podrás ponerlo a prueba ante hechos cotidianos, ya que podrás hacerlo dudar sobre qué camino escoger. Elegirá una manera de actuar u otra dependiendo de qué rasgo es el predominante en ese momento.
  2. Haz que lo inesperado venga de un hecho externo al personaje, de un acontecimiento. El personaje encarará ese suceso sorprendente según la lógica de los rasgos que lo definen. De este modo, el personaje actuará de manera coherente, pero el lector se sorprenderá por lo inesperado de la peripecia (algo externo a él). En caso de que prefieras que tu personaje se comporte de forma imprevista ante un hecho ordinario, recuerda el punto anterior: que sea porque lo has caracterizado de manera redonda y esa conducta es coherente con alguno de sus rasgos.
  3. Crea en tus personajes la duda entre lo que harían si se dejaran llevar por algo externo a ellos (por ejemplo, la convención social, lo que la familia espera de ellos, etc.) y algo interno a ellos (lo que el personaje desea realmente).
  4. No olvides utilizar la técnica de la anticipación en caso necesario. Sobre este asunto te señalo aquí dos artículos que pueden interesarte, por si no los has leído aún: Qué es la anticipación o foreshadowing y 4 maneras de construir la anticipación narrativa

Y tú, ¿has empleado alguno de estos trucos a la hora de crear el arco de transformación del personaje? ¿Señalarías algún otro recurso para construir el arco dramático? Cuéntame, cuéntame…

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RUTH M. RODRÍGUEZ,  Verbalina Escuela de Escritura Creativa

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