4 maneras de construir la anticipación narrativa en tu novela o relato

…Y al final me ha salido una “trilogía”. Hoy completo la serie de artículos que dedico a la técnica literaria de la anticipación narrativa y al arma de Chejov. Por si has llegado justo a este momento del blog y te interesa leer lo que he contado antes, te recuerdo que aquí te explico qué es la anticipación y te expongo dos buenos motivos para utilizarla en tu novela o relato. Y en este otro artículo te hablo del arma de Chejov como principio dramático y como recurso literario. Ahora vamos con el último post de esta serie, donde ahondaré un poquito más en esta técnica narrativa.

No sé si te ocurre lo mismo que me sucedía a mí. Aunque comprendía bien en qué consiste el arma de Chejov y la anticipación, y había leído mil ejemplos, me hubiera gustado conocer algunos recursos para poder llevar esta técnica a mis textos. Si estás en este punto, quizás te sea útil que comparta contigo estas 4 maneras para desarrollar la anticipación en tus relatos o novelas.

  1. El objeto
  2. El gesto del personaje
  3. La referencia explícita
  4. La profecía

El objeto

Es probable que cuando hayas leído “objeto” hayas pensado en el fusil colgado en la pared de la cita de Chejov. En efecto, este es un caso de cómo un objeto puede utilizarse al servicio de la anticipación. Considero que esta manera de anticipar es la más común para el escritor en ciernes y la que utilizamos con más frecuencia en nuestras primeras narraciones.

En El lápiz del carpintero de Manuel Rivas, ese lápiz que da título a la novela cumple una doble función: es un objeto que sirve como “hilo conductor” de lo que sucede en la historia (no te lo voy a destripar por si no lo has leído y quieres hacerlo) y además funciona como anticipación al final del segundo capítulo: “Dibujaba en servilletas de papel con un lápiz de carpintero”.

Esta frase funciona como anticipación porque el autor centra la atención del lector en ese lápiz, quien interpreta que algo importante ocurrirá donde esté involucrado o aparezca ese objeto. Sobra decir que la anticipación es muy sutil y evocadora. Como ya te expliqué aquí, esa sutileza la puedes construir destacando ligeramente el objeto en cuestión e introduciéndolo en un contexto inesperado. Estos dos elementos se dan en la anticipación de Rivas. La frase destaca el objeto con discreción (sólo dice que “dibuja”) y en un contexto inesperado (el lápiz de carpintero lo utiliza en servilletas de papel y no en una carpintería, como sería de esperar).

Si te pregunto por algún otro ejemplo, estoy segura de que se te ocurrirán muchos. De todas formas, no quería dejar pasar la oportunidad de señalar que al igual que puedes centrar la atención en un objeto que “aparece” en tu historia (por ejemplo, una memoria USB que el protagonista se mete en el bolsillo), también puedes destacar la “ausencia” de algún objeto.

De este modo, señalar que falta un potente insecticida del lugar donde se guardan los utensilios de jardinería puede ser un indicio que ponga al lector sobre la pista de una situación de peligro que sucederá en las páginas siguientes.

El gesto del personaje

Cuántas veces hemos hablado con una persona que nos ha dicho una cosa y nosotros hemos percibido otra. “Lo he leído en sus ojos” o “no sé por qué, pero intuyo que no dice la verdad” son dos frases que podemos aplicar a esta situación. De una u otra manera, hemos percibido un “mensaje” que nuestro interlocutor no ha dicho a través de las palabras.

Entonces, ¿tenemos superpoderes y hemos leído su mente? Aunque estaría bien que así fuera, no es este el caso. Cierto es que nuestro interlocutor no ha dicho ese mensaje verbalmente, pero sí lo ha expresado por medio de sus gestos, de la postura de su cuerpo, del tono de su voz, etc.

En definitiva, en la vida cotidiana el lenguaje no verbal nos ofrece una buena cantidad de información que, aunque no sepamos interpretarla en ese momento de manera completa, puede sernos útil en un futuro. En cierto modo (y con muchos los matices), son “anticipaciones” en nuestra realidad.

Por ello, si tu personaje se muestra nervioso cuando se guarda en el bolsillo un sobre que acaba de recoger del buzón, el lector interpretará que ese sobre será importante en las próximas páginas. Aprovecha, por tanto, el lenguaje no verbal de tus personajes como ese fusil del que hablaba Chejov y colgaba en la pared durante el primer acto.

La referencia explícita

“El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo.” Este es uno de los comienzos de novela más famosos que se hayan escrito. Como sabes, es la primera frase de Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez.

A diferencia de los ejemplos anteriores, la anticipación de García Márquez no es sutil. Por el contrario, desvela el final de su obra: al “prota” nos lo van a matar. En este artículo te comentaba que la anticipación es más efectiva si no es muy obvia ya que, en caso de ser muy evidente, podría dinamitar esa tensión que pretendemos generar con ella. Entonces, ¿por qué le “funciona” a García Márquez si nos ha “destripado” el final?

Como te explicaba aquí, uno de los motivos por los que podemos utilizar la anticipación es incrementar o mantener la tensión de nuestra historia. Para que surta efecto, es indispensable que el indicio que damos como anticipación sugiera preguntas en la imaginación del lector.

Quién lo va a matar, porqué razón, cuándo, qué significará su muerte o cómo repercutirá en otros personajes, etc. son algunos interrogantes que nos sugiere esta anticipación. Como ves, estas preguntas nos invitan a continuar leyendo el resto de páginas. Ni que decir tiene que al realizar esto en la frase inicial de la novela, García Márquez consigue engancharnos desde el principio.

Esta anticipación de Crónica de una muerte anunciada se ofrece por medio del narrador y, como ya habrás observado, menciona un hecho que sucederá (o, en otras palabras, el autor ha realizado una prolepsis o flashforward: un salto hacia el futuro de la historia). Sin embargo, también puedes realizar este tipo de anticipación a través de la voz de tus personajes.

Es muy probable que hayas leído El señor de los anillos de Tolkien. Cuando Frodo comenta a Gandalf que es una pena que Bilbo no hubiera matado a Golum cuanto tuvo oportunidad, éste le responde: “Mi corazón me dice que aún [Golum] tiene un papel que desempeñar, para bien o para mal, antes del final; y cuando este venga, la compasión de Bilbo podría gobernar el destino de muchos, en especial el tuyo”.

Aunque en este caso la anticipación que nos ofrece Tolkien no es tan clara como la que realiza García Marquez, en ambos ejemplos hay una referencia explícita de que algo va a pasar (más sugerente u oscura en el caso de Tolkien) y a quién repercutirá. También en este último ejemplo, la anticipación abre preguntas en la imaginación del lector que incrementan la tensión del relato al poner el foco en un personaje concreto y en su historia.

La profecía

Cuando hablamos de profecía lo primero que se me viene a la cabeza es un oráculo. Son muchas las obras que incluyen una escena donde un vidente, oráculo, medium o un personaje con cualidades especiales o paranormales hace una revelación sobre la historia y los personajes de la obra.

Si buscas en el diccionario el término “profecía”, puedes leer que es un “don sobrenatural que consiste en conocer por inspiración divina las cosas distantes o futuras”. Así, la anticipación que se realiza por medio de una profecía no tiene por qué ser, de manera exclusiva, la revelación de un hecho del futuro de la historia.

Un suceso del pasado puede ser una “cosa distante”, al igual que algo ocurrido en el presente pero en un lugar geográfico lejano de dónde se desarrolla tu trama principal. También puede ser un hecho que le ocurre a personajes desconocidos por los protagonistas en ese momento de tu relato. Además, me gustaría mencionar que también puedes crear anticipaciones de este tipo (proféticas) en los sueños de tus personajes.

Creo que la idea está clara, sobre todo cuando se refiere a una anticipación realizada como una profecía que revela algo del futuro, ¿verdad? Sin embargo, quizás no sea tan obvio en los otros casos que te mencionaba, en concreto cuando esa profecía hace referencia al pasado de los personajes. En este punto es necesario recordar que podemos manejar dos “tiempos” diferentes: el tiempo de la historia y el tiempo de la narración. Aunque de ello te hablaba con más detalle en este artículo, no está demás mencionar que el tiempo de la historia es el transcurso de los acontecimientos que vivirán tus personajes, mientras que el tiempo narrativo es el orden en que has decidido informar al lector de los hechos que viven tus personajes.

Un ejemplo me ayudará  a explicarme mejor. Ya te he dicho antes que este tipo de anticipación lo relaciono con los clásicos, así que el ejemplo lo extraigo de la tragedia griega Edipo rey de Sófocles. Al inicio de la obra Edipo consulta al adivino Tiresias sobre el asesino del rey Layo (el anterior rey a Edipo). Tiresias anuncia que es el asesino es el propio Edipo, y que además está casado y ha tenido hijos con su propia madre.

Como ya habrás observado, esta profecía se refiere a un hecho del pasado de la historia que se está narrando. Sin embargo, en la obra cumple la función de anticipación ya que pone sobre aviso al lector de algo que se desvelará en el futuro de la narración (un “futuro” considerado dentro del tiempo narrativo). En otras palabras, anticipa algo cuyo desarrollo verá más adelante el lector.

Y tú, ¿has empleado alguno de estos tipos de anticipación en tus textos? ¿Tienes algún otro recurso que puede ser útil dentro de esta técnica? Cuéntame, cuéntame…

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RUTH M. RODRÍGUEZ,  Verbalina Escuela de Escritura Creativa

6 thoughts

  1. Hola Ruth
    Aquí estoy de nuevo me parece muy interesante tu blog ahora estoy escribiendo una historia y me sirve mucho leerte mil gracias
    Un abrazo desde México

    1. Me alegra que te haya sido útil este artículo. Espero “verte” con más frecuencia por este blog. Gracias por dedicar tu tiempo a leerlo y comentarlo.

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