Solo/Sólo, una tilde a debate

A continuación transcribimos el artículo “Solo/sólo: la tilde que enfrente a la RAE con los escritores”, publicado en ABC y firmado por I. martín Rodrigo, D. Morán, M. de la Fuente y S. Doria. Fuente: http://www.abc.es/cultura/20141130/abci-solo-tilde-201411291825.html
 
«El empleo tradicional de la tilde en el adverbio solo no cumple el requisito fundamental que justifica el uso de la tilde diacrítica, que es el de oponer palabras tónicas a palabras átonas. Por eso, a partir de ahora se podrá prescindir de la tilde en esta forma incluso en casos de ambigüedad. La recomendación general es, pues, la de no tildar nunca estas palabras». Esa fue la norma aprobada por las veintidós Academias de la Lengua Española en 2010 en Guadalajara (México), reflejada en la «Ortografía de la Lengua Española» publicada ese mismo año.

Pero, pese al revuelo generado entre autores y académicos (las discusiones en los plenos a este respecto fueron acaloradas), es una postura que la RAE lleva manteniendo desde mediados del siglo pasado. Fue el académico Julio Casares el que en 1952 se dio cuenta de que acentuar solo (cuando podía sustituirse por solamente) era una inconsistencia que iba en contra de la tilde diacrítica. Como explica Salvador Gutiérrez, coordinador de la «Ortografía de la Lengua Española», «en 1959 la Academia, para evitar rupturas, lo deja al arbitrio, pero desde ese año hasta la actualidad la RAE no pone la tilde en solo en todas sus publicaciones, aunque sigue dejándolo opcional».

De hecho, según reconoce el doctor en Filología Hispánica, la postura inicial de la «Ortografía» en 2010 era quitar esa opcionalidad de acentuar o no el solo, pero finalmente no se aprobó en el pleno de la Academia. «La tilde en solo y otros demostrativos constituye una excepción a otra excepción: la tilde diacrítica opone siempre una palabra tónica a una palabra átona; pero la tilde en solo no opone, porque las dos son tónicas. Por eso, para hacer ajustes de coherencia teórica, para tratar de evitar la inconsistencia, se quita. Pero la Academia permite acentuarlo “por costumbre”».

Es decir, acentuar el solo por regla es imposible, porque habría que hacer una excepción de otra excepción. «¡No han leído la “Ortografía”! Lo han tomado como si fuera la Guerra de la Santa Cruzada. Hay conciencia de que se les está prohibiendo poner la tilde, y no es así. Es una decisión de todas las Academias de la lengua española», justifica Gutiérrez. ¿Y en casos de ambigüedad? El académico pone dos claros ejemplos:«Comprar un piso primero» o «El jugador juega limpio». «¿Habría que poner la tilde ahí también? Para deshacer casos de posible ambigüedad, habría que estar poniendo la tilde a diestro y siniestro», sentencia.
Diego Moreno, editor de Nórdica:

«Al principio decidimos seguir la norma de la RAE, pero desde enero de 2013 hemos vuelto a poner el acento porque quitarlo era como empobrecer la lengua».
Carlos Pardo, escritor:

«Estoy a favor de acentuarlo porque es necesario para no caer en la ambigüedad. Quitarlo limita el lenguaje a un intercambio de información».
Laura Fernández, escritora:

«La sido usando porque no hacerlo se me hace raro. Si no la pongo, tengo la sensación de que no es la misma palabra, que estoy traicionándola».
José María Merino, escritor y académico:

«Que vamos perdiendo tildes… ¡pues vamos perdiendo tildes! A mí, desde luego, me suena más raro perderla en el aún. Yo, por eso, no discuto».
Sergio del Molino, escritor:

«Yo no sólo pongo la tilde diacrítica, sino que pido a todos los editores de mis libros que me la respeten en los textos. A veces lo hacen, y otras no».
Jorge Eduardo Benavides, escritor:

«No soy muy purista en ese tema. Creo que el lenguaje va evolucionando, pero respeto mucho cómo me han enseñado a escribir y así uso la gramática».
Pere Gimferrer, escritor y académico:

«Al igual que Javier Marías y Arturo Pérez-Reverte, yo he mantenido la tilde en mi escritura. En mis últimos libros sigo escribiendo sólo con acento».
Lorenzo Silva, escritor y editor:

«No es tan costoso poner esa tilde y perdemos más por algo tan nimio como mantenerla. Al final, es una perturbación innecesaria».
Miqui Otero, escritor:

«Yo suelo escribir sólo con tupé en la O. Me lo enseñaron así en el Cole Salesiano y hay cuestiones (y culpas) de las que cuesta desprenderse».
Manuel Vilas, escritor:

«Es oportuno que la RAE actualice y democratice la ortografía del español. También hubo gente que se rasgó las vestiduras al quitar la tilde a fué».
Carlos Zanón, escritor:

«La seguí usando. Fiel a esa tilde, porque básicamente esa regla que aprendí de memoria se me marcó a fuego y la veo útil para evitar confusiones».
Patricio Pron, escritor:

«Me parece consecuente con la política de la RAE, que consiste en que algo deja de ser un error cuando la suficiente cantidad de personas lo comete».
Luis Magrinyá, escritor:

«Yo veo justificada la supresión de la tilde en “solo” y en los demostrativos: eran las únicas palabras de más de una sílaba que conservaban el diacrítico en español. Si “vino” (sustantivo) no se distingue gráficamente de “vino” (verbo), ni “casa” (sustantivo) de “casa” (verbo), ni mil casos más, ¿por qué iban a retener “solo” y los demostrativos este privilegio? La única razón es el peso de la tradición, y las tradiciones se pueden cambiar; si no, todavía pondríamos tilde a la preposición “a”».
Carmen Camacho, poeta:

«De los recortes aplicados en diacríticas, la tilde de solo es de la que más me duele desprenderme y a duras penas lo hago. Tantas satisfacciones que me dio».
Carme Riera, escritora y académica:

«La supresión de la tilde se hizo para simplificar al máximo la ortografía, que es la tendencia que guía a los especialistas de la Real Academia».
Jenn Díaz, escritora:

«Sólo con que en una frase el sólo y el solo puedan confundirse, debería acentuarse siempre. Es más fácil cambiar el diccionario que la sociedad».
Luis Solano, editor de Libros del Asteroide:

«En principio, hacemos lo que dice la RAE. Básicamente por aceptar su autoridad y porque pensamos que es un criterio que se acabará imponiendo».
Jorge Carrión, escritor:

«Yo seguí fiel al acento, a sabiendas de que era posible que las editoriales me corrigieran. Al recibir la corrección, lo hice con una sonrisa».
Luis Alberto de Cuenca, poeta:

«Yo, la verdad, soy bastante disciplinado y sigo ad pedem litterae las directrices de la Academia. Me gusta que haya sabios que dicten normas. Creo en la auctoritas».
Salvador Gutiérrez, académico de la RAE:

«No hay una presión de la Academia en contra de los escritores. No pertenece a la tilde diacrítica, pero que la usen si quieren, no les vamos a penalizar».

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One thought

  1. Quitar la tilde al adverbio solo cuando da lugar a ambigüedad –cuando no lo da estoy de acuerdo en quitarla– o exigir redactar de otro modo para no dar lugar a ella es puramente la degradación ahrimánica del lenguaje (ese que hablan los transeúntes, los borrachos, o como diría Kierkegaard, esos seres infrahumanos…); es escupir a la fonética misma, a la métrica de la poesía, al ritmo de la prosa: eso no es más que puro necio cientificismo, academicismo. Es lo más imbécil que haya oído, porque impide un uso en profundidad del lenguaje, lo limita, lo empobrece, como muy bien han dicho algunos escritores. Ese uso en profundidad del lenguaje es asunto de los escritores, esto es, literatos, filósofos (estos mentecatos están pensando casi igual que el programa WORD). No hay que olvidar que el lenguaje, si ha evolucionado es gracias a los escritores, y especialmente a los grandes, del pasado. No tiene por qué venir un limitado mental y pedante a decirme como debo escribir. Voy a dar un ejemplo con un aforismo de Goethe: «El que no sabe llevar su contabilidad por espacio de tres mil años se queda como un ignorante en la oscuridad y sólo vive al día.» Aquí, si quito la tilde a “sólo” da lugar a ambigüedad, pero tampoco tengo por qué cambiar a “solamente” si yo determino que falto al ritmo personal de la prosa, entendiendo que si es parte de otro enunciado más extenso; y con mayor razón si estuviésemos hablando de un poema (quitar la métrica a la poesía lírica ha sido la peor de las degradaciones ahrimánicas a las que se ha sometido el lenguaje). Si las eminencias intelectuales, literarias y filosóficas de España –nada más falta que me entere que esto viene de Hispanoamérica, aunque yo no soy español– no han recaído en ello es porque está bien: «Las personas no están jamás tan cerca de la estupidez como cuando se creen sabias», Moliere.

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