[Guía práctica] Cómo utilizar la lectura para mejorar como escritores (Parte I)

Hace algún tiempo compartía contigo en La utilidad de escribir un diario personal mi experiencia como estudiante en un curso de dramaturgia. El curso lo impartía un magnífico escritor de obras teatrales quien, desde el primer al último día de clase, no hacía más que repetirnos: “lee mucho y buen teatro, y escribirás mucho y buen teatro”.

Como te comentaba en el otro artículo, así lo hice. Tras varias buenas lecturas en mi haber, me senté frente al ordenador esperando comprobar cómo había mejorado mi escritura de obras dramáticas. Sin embargo, ese “método” no dio el fruto esperado. A mi profe se le olvidó decirnos qué hacer con todas esas buenas obras que leímos para que se obrara la magia.

Es evidente que, dentro de la formación del escritor, la lectura es imprescindible. La lectura y, por supuesto, la escritura. Escribir es “practicar”, y la práctica hace al maestro. Entre otras cuestiones, si tenemos una rutina de escritura (por ejemplo, llevando un diario personal o un blog), iremos adquiriendo fluidez en el manejo de las palabras.

Sin embargo, quizás es menos evidente por qué la lectura nos ayuda a progresar como escritores. Es obvio que, por norma general, sólo el acto de leer no es suficiente para enriquecer nuestros textos. Esperar que, de forma inconsciente, interiorizaremos la manera de escribir de los autores que admiramos, no funciona. O al menos no funciona tanto como nos gustaría.

Me ha parecido interesante abordar este tema en el blog porque considero que la lectura es un recurso que tenemos a mano cualquiera de nosotros. Nos es muy útil para formarnos de manera autodidacta o mejorar por nuestra cuenta. Además, podemos sacarle provecho independientemente de si somos autores en ciernes o ya contamos experiencia escribiendo obras.

Sí, es un tema interesante pero amplio. Por esta razón a este artículo le seguirán otros dos (¡vaya, una trilogía! ¡Con lo de moda que están!) Hoy voy a hablarte sobre cómo puedes utilizar tus lecturas para mejorar tus novelas y relatos sin que tengas una formación específica en este campo.

Sin embargo, si has llegado hasta este artículo es más que probable que manejes algunos conceptos literarios. Por ello, la semana que viene te daré algunas claves para crear tus propias fichas de lectura.

Por último, en el tercer artículo de esta trilogía te ofreceré algunas sugerencias para sacar el máximo partido a los libros que leas y que puedes aplicar en los dos casos anteriores.

¿Estás preparado? Pues, prepárate porque el artículo de hoy es algo largo. Ve a por algo de beber y, si te apetece, algo de picar (yo me traido unas almendritas) y… ¡comencemos!

Cómo utilizar la lectura para mejorar como escritores sin ser un experto en literatura

Es probable que te interese escribir pero que tus estudios no tengan que ver con el ámbito de las letras. O es posible que te estés formando en este campo, pero aún tus conocimientos son muy básicos.  Si te identificas con alguno de estos casos  es probable que pienses que analizar un libro es algo que “te queda grande” o que aún tienes mucho que aprender para poder hacerlo.

Sin embargo, esto no es así. Ten en cuenta que vas a realizar un análisis con unas características muy concretas: extraer recursos que puedan serte útiles a la hora de escribir tus obras. Voy a afinar más: esos recursos están enfocados en lo que a ti te gusta como lector y deseas conseguir como escritor.

A continuación te doy unas claves para que, de manera intuitiva y sencilla, aproveches tus lecturas y consigas ideas que puedas poner en práctica en tus textos. Por supuesto, si deseas analizar una novela como un crítico literario o como un lector profesional, no lo harías siguiendo estos pasos. Y si ya has avanzado en tu formación literaria, quizás estas ideas puedan ser un punto de partida si te sientes bloqueado pero, como verás en el próximo artículo, no te quedarás aquí. Estarás preparado para realizar un análisis más exhaustivo.

La observación y las tres preguntas mágicas

Para que la lectura sea una herramienta al servicio de nuestra formación como escritores es imprescindible la observación. Pero observar quizás sea un concepto demasiado ambiguo para nuestro propósito. Es necesario acotar nuestro campo de observación y una manera de conseguirlo es haciéndonos preguntas.

Es posible que ahora estés pensando algo parecido a esto: “Hum… hacernos preguntas… ¿y cómo sé que hago las preguntas adecuadas?” Como te decía, no es necesario ser un experto en literatura para sacar partido a los libros que leemos. Aunque suene a perogrullada, puedes comenzar aplicando el sentido común. Aquí tienes tres preguntas muy simples e intuitivas, pero de las que conseguiremos un buen fruto. De ahí que las he llamado “las tres preguntas mágicas”:

  • ¿Qué me ha gustado?
  • ¿Por qué me ha gustado?
  • ¿Cómo ha conseguido el escritor que me gustase?

Además de simples, estas preguntas son muy versátiles. Imagina que la respuesta a la primera de ellas hace referencia a la estructura de una novela. En ese caso, cuando des respuesta a la tercera pregunta, obtendrás recursos diferentes a los que conseguirías si, por ejemplo, hubieras respondido que lo que más te ha gustado es el lenguaje poético de esa obra.

Por tanto, estas tres preguntas las puedes aplicar a cualquier asunto que te interese mejorar o sobre el que desees aprender más, desde la evolución de los personajes hasta el empleo de la metáfora, pasando por la construcción de ambientes, el uso del diálogo, etc.

Primera pregunta mágica: ¿qué me ha gustado?

La primera de estas preguntas tiene como objetivo dirigir nuestra atención hacia eso que admiramos y que nos gustaría aprender para enriquecer nuestras novelas o relatos. En otras palabras, va a hacer que “nos centremos”.

En los talleres de escritura que imparto, cuando abro el debate sobre los textos presentados, los participantes a menudo me dicen que no saben qué comentar de los textos de los compañeros. Siempre les sugiero que comiencen por aquí: qué les ha gustado de ellos. Es curioso con qué frecuencia me responden algo parecido a esto: “No sé… Me gusta… cómo lo cuenta… Sí, me gusta la historia… No sé”.

En ese momento yo me pongo las gafas de la señorita Rottenmeier (sí, la de Heidi, que ya tengo cierta edad y mis recuerdos de infancia son los que son) y les pregunto: “A ver, ¿te gusta cómo lo cuenta o cómo es la historia?” Por lo general la respuesta es un “me gusta todo”, pero sigo indagando hasta que la persona en cuestión se centra en el elemento que destacaría del texto que estamos analizando.

¿Cuál es la utilidad de todo esto? Si somos capaces de precisar por qué algo que hemos leído nos gusta, estamos identificando aquello que valoramos y que desearíamos reproducir en nuestros escritos. Adquirir este foco supone una ventaja considerable. No es lo mismo analizar “todo” que “una parte” (como tampoco es igual afinar todos los instrumentos de una orquesta o sólo el clarinete principal).

Segunda pregunta mágica: ¿por qué me ha gustado?

Gracias a la primera pregunta hemos delimitado nuestro objeto de estudio. Ahora la segunda pregunta nos va a ayudar a concretar eso que deseamos analizar.

Imagina que la persona de quien te hablaba antes se ha decantado por “la historia”, en lugar de por “cómo lo cuenta”. La historia es un concepto demasiado amplio que es necesario acotar. Si la respuesta a esta segunda pregunta es “porque tiene un final impactante”, nuestro análisis tomará una perspectiva distinta a si la respuesta es “porque tiene un buen ritmo”.

Tercera pregunta mágica: ¿cómo ha conseguido el autor que me guste?

Sin duda en la respuesta a esta pregunta encontraremos las claves que podremos aprender y emular en nuestros textos. Ya hemos centrado nuestra atención y acotado nuestro campo de análisis. Ahora es el turno de poner a prueba nuestra capacidad de observación.

Este cómo es la parte más complicada (y nutritiva) de nuestro método de trabajo. Aquí tendrás que volver a leer ese fragmento que te ha gustado o repasar la parte de la obra que ha llamado tu atención y anotar todo aquello que consideres interesante y que pueda dar respuesta a las preguntas anteriores.

Te sugiero que esas notas las hagas esquemáticas o a modo de lista. Más adelante repasarás ese esquema y reflexionarás sobre lo que has escrito, puedes comparar un punto con otro y buscar sus relaciones, etc.

Sin duda esta pregunta, además de ser la más complicada de dar respuesta, es la más difícil de aclarar sin un ejemplo. Por ello, a continuación te lo explico mediante el análisis de un párrafo de una novela.

El análisis (ejemplo práctico)

En el artículo Cómo comenzar una novela. Trucos y ejemplos para los primeros párrafos te hablo del inicio de Corazón tan blanco, de Javier Marías. La frase con la que comienza la novela siempre me ha gustado. Aunque en ese artículo lo analizo con más detalle, aquí voy a hacerlo siguiendo estas preguntas sencillas e intuitivas. Pero antes te recuerdo cuál es la frase en cuestión (te incluyo también el inicio de la segunda frase para que sepas cómo acaba la acción):

No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre, que estaba en el comedor con parte de la familia y tres invitados. Cuando se oyó la detonación, unos cinco minutos después de que la niña hubiera abandonado la mesa…

Ya puedes imaginar que la primera vez que leí este fragmento lo que quería era disfrutar de la obra. Por ello, subrayé la frase para no olvidarla y continué la lectura. Cuando terminé el libro me hice las tres preguntas mágicas. La respuesta a la primera de ellas la tenía en lo que había ido subrayando mientras leía. Por tanto, de este libro me gusta, entre otras cosas, esa primera frase. Aquí está mi primera respuesta. Ya he centrado mi atención en el asunto que quiero estudiar.

Vamos con la segunda pregunta: ¿por qué me ha gustado? Estas son mis respuestas:

  1. Porque ha despertado mi interés por conocer quién es el narrador.
  2. Porque me ha hecho preguntarme por qué la mujer desea quitarse la vida.
  3. Porque me ha impactado la manera en que narra el suicidio.

Estos tres porqués se pueden resumir en uno: porque el autor me ha “enganchado” para leer la novela completa.

Por supuesto, estas son mis respuestas y no tienen por qué coincidir con las tuyas. Cada lector tenemos nuestras preferencias.

Ya tengo claro por qué me gusta esta frase, ¿verdad? Ahora vamos a la pregunta peliaguda: cómo ha conseguido el autor que me fije en ella. O en otras palabras, cómo Javier Marías ha logrado que yo tenga ese deseo de continuar leyendo su libro. Voy a desgranarte mis conclusiones reflexionando sobre cada uno de los porqués anteriores:

1. Porque ha despertado mi interés por conocer quién es el narrador

El autor lo ha conseguido justo con las primeras palabras: “No he querido saber, pero he sabido”. Estas palabras expresan una oposición entre lo que el narrador desea (no querer saber) y lo que realmente sucede (lo ha sabido).

Por lo general, este tipo de oposiciones o contradicciones de los personajes suelen llamar mi atención porque me recuerdan a comportamientos de la vida real. Además, esa oposición también me abre nuevas preguntas sobre el personaje narrador: ¿por qué no ha querido saber? ¿cómo lo ha sabido? Como lectora, espero que las próximas páginas del libro den respuesta a estas preguntas.

2. Porque me ha hecho preguntarme por qué la mujer se quita la vida

La manera en que Marías presenta a la joven también me fascina. El autor no dice su nombre, como si careciera de identidad. Se dirige a ella como los demás la denominan, “una de las niñas”,  en contraposición a la mujer que realmente es (“cuando ya no era niña”). ¿Por qué ese deseo de infantilizar a la mujer? ¿Qué hay detrás de esta denominación? Además, como ya habrás observado, aquí también hay una oposición (“una de las niñas, cuando ya no era niña”).

Por otro lado, aunque el lector se preguntaría durante la lectura de cualquier novela por qué se quita la vida tal o cual personaje, aquí esa pregunta se amplifica. No sólo llama la atención que una joven se suicide recién llegada del viaje de bodas, sino que lo haga con el arma de su padre. ¿Acaso el padre la obligó a casarse en contra de su deseo y por eso elige su pistola, o bien es simplemente lo que tenía más a mano?

Que el autor haya introducido de soslayo a otro personaje (en este caso el padre) en un acto de tan íntimo como es quitarse la vida de nuevo abre preguntas en la mente del lector, crea expectación e interés.

3. Porque me ha impactado la manera en que narra el suicidio

No sé si, cuando iniciaste la lectura de este fragmento, tú te esperabas que al final una mujer se suicidaría. Yo desde luego no pude imaginar que fuera a acabar apretando un gatillo. Una mujer recién llegada de una luna de miel que va al cuarto de baño, se mira al espejo y comienza a desnudarse me sugiere varias cosas, y la última es que se va a pegar un tiro.

Jugar con lo inesperado, narrar un acto que parece una cosa y que finalice en algo que el lector no se imagine (y hacerlo de manera tan rápida) genera un tremendo impacto. De nuevo, la acción del personaje (el suicidio) se amplifica en la mente del lector y genera una mayor impresión.

Por supuesto, además de que el personaje haga algo inesperado, hay que pensar que esa acción debe ser coherente con sus actos anteriores. De lo contrario, estaríamos escribiendo un hecho imprevisible, sí, pero carente de toda lógica y, por tanto, menos verosímil.

Transformamos lo observado en recursos aplicables a nuestras novelas y relatos

Una vez hemos dado respuesta a las preguntas anteriores, se hace necesario transformar nuestras conclusiones en algo que pueda sernos útil a la hora de escribir.

Para ello, yo me sirvo de dos caminos (pero hay muchos; a mí estos me resultan útiles y te animo a que tú encuentres los tuyos):

  1. La concreción
  2. La comparación

La concreción

Consiste en definir de forma precisa y reducir a lo esencial la conclusiones a las que he llegado anteriormente. Siguiendo el ejemplo anterior, podemos concretar todas las ideas en lo siguiente:

  • Oposiciones de dos ideas (incluso pueden ser contradictorias): “No he querido saber, pero he sabido…”; “…una de las niñas cuando ya no era una niña…”
  • Mención de personajes de soslayo: “la pistola de su propio padre”.
  • Actos imprevisibles (pero coherentes) a la luz de la cadena de hechos: “…había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre…”
  • Sugerir preguntas en la mente del lector que puedan resolverse en las próximas páginas del libro.

Oposiciones, contradicciones, personajes que aparecen de soslayo, actos imprevisibles que generan impacto en el lector… Estos son los recursos que ha utilizado el autor para que me haya enganchado a su obra con sólo su primera frase. Y no sólo tengo el recurso (por ejemplo: la oposición de dos ideas) sino también un ejemplo donde se ha puesto en práctica.

La comparación

Ahora puedo comparar mis conclusiones de este fragmento con las extraídas de otras lecturas. Si hay alguna que se repite, puedo comparar las diferentes maneras de utilizar ese recurso. Siguiendo el ejemplo anterior, si he observado la oposición de dos ideas en otra novela o relato, tendré otro ejemplo de cómo un autor diferente pone en práctica este recurso.

Al final, todo es escribir

Todo lo visto anteriormente no nos va a servir de mucho si no nos remangamos y nos ponemos a trabajar. Siéntate delante de tu hoja en blanco (esa vieja amiga) y escribe, a modo de ejercicios, textos cortos donde utilices el recurso que has extraido de tus lecturas. Es probable que la primera vez no te agrade el resultado, pero persiste. Analiza que es lo que no funciona y vuelve a escribir.

O bien intenta introducir ese recurso en el texto que estés escribiendo, o en esa idea de relato que tienes apuntada pero que aún no sabes cómo desarrollar, etc. Hay diferentes formas de hacerlo, pero al final todo es escribir.

Por cierto, ¿sabes por qué Javier Marías me ha “atrapado” con los recursos de los que te hablaba antes? Porque a través de ellos me está presentando el conflicto de la obra. Sin conflicto, no hay historia. Pero no voy a seguir hablando sobre esto ya que algo tengo que dejar para el próximo artículo, ¿verdad?

Y tú, ¿cómo aprovechas tus lecturas para mejorar tus textos? ¿Has probado algún método tan simple e intuitivo como este? Cuéntame, cuéntame…

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RUTH M. RODRÍGUEZ,  Verbalina Escuela de Escritura Creativa

11 thoughts

  1. Gracias. Una práctica y acertada ayuda para quienes, muchas veces, ofrecemos esas respuestas vagas al consultarnos acerca de un texto: “no sé” o “me gustó” o ” no me gustó”, sin un refuerzo o aclaración. Típica respuesta de red social, vana, superflua, frívola…

    1. Muchas gracias, Pilar. Lo que pretendía era ofrecer un ejemplo de cómo se puede analizar un texto de manera intuitiva y obtener recursos para mejorar como escritores. Como es evidente, cuanto más y mejor nos formemos, más ricos serán nuestros análisis; pero este puede ser un punto de partida. Espero que te haya sido útil. Un abrazo.

  2. Desde que comencé a escribir creo que perdí el placer de la lectura. Siempre ando con un lápiz anotando un diálogo efectivo, cómo se prepara la escena, cómo terminan los capítulos o bien, ahora que escribo género negro, tomando buena nota de procedimientos policiales. ¡Qué tiempos aquellos en los que solo leía por el placer de la lectura! Saludos

    1. ¡Ay, David! No me digas eso… No pierdas la costumbre de leer sólo por disfrutar. Ya sé que es difícil (resulta complicado quitarse las “gafas” de escritor), pero… ¡mola tanto! Un abrazo

  3. Estoy encantada con todo lo que encuentro en este blog tan interesante. Me gusta escribir y esto me enriquece mucho. Mil gracias

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