Por qué no nos concentramos para escribir

Lo reconozco: estoy viviendo un momento de poca concentración. Y eso que soy muy disciplinada para escribir. Me siento a la hora prevista delante del ordenador, apago el teléfono, cierro el correo electrónico, abro las páginas web de los diccionarios por si necesito hacer alguna consulta, abro la aplicación de sonidos del bosque (pajaritos, una cascada, etc.) para ayudar a concentrarme… y no consigo hilar dos palabras con coherencia.

Lo más curioso es que sé el motivo de mi poca concentración. Detrás de la puerta cerrada oigo a mis mellicitas. Y no es que se pongan a llorar y berrear… No, es aún peor: me torturan con sus risitas y ruiditos adorables. En esta situación mi “niña interior” sólo quiere ir a jugar y dejar que escriban los mayores. Y esto no puede ser siempre así…

La manera que he tenido de resolver esta situación es no escribir en casa, sino desplazarme hasta el aula de Verbalina con mi portátil y mis libretas para logar esa concentración que me falta. Pero en ocasiones la solución a los problemas de concentración no es tan sencilla, ¿verdad?

He pensado que quizás tú estás pasando por un momento parecido al que yo estoy viviendo ahora, o con toda probabilidad lo habrás vivido o lo vivirás en un futuro. Por esta razón, voy a dedicar mi artículo de hoy y el de la semana próxima a la concentración y la escritura.

Mi intención era escribir un único post, pero me he extendido demasiado (abordar este tema me ha “concentrado tanto” que no sabía cuándo parar). Así, he dividido en dos partes mi texto inicial. Hoy hablaré de qué es la concentración, el estado de flow y los motivos por los que no logramos concentrarnos o mantener la atención. Dejo para el próxima semana tratar algunos recursos y actividades que podemos desarrollar para facilitar la concentración.

Entremos ya en materia:

Qué es la concentración

Según el Diccionario de la Real Academia, concentrarse es “centrar intensamente la atención en algo”. Por tanto, la concentración es el estado mental que se obtiene al focalizar todos nuestros sentidos y nuestro interés en un objetivo. Ese objetivo puede tener diferentes formas. Puede ser un pensamiento, realizar una tarea, etc.

Incluso hay veces que nuestra concentración es tan intensa que entramos en el flujo, la zona o estado de flow. Es muy probable que hayas oído hablar de estos conceptos. Por si acaso es la primera vez que te encuentras con ellos, voy a comentarte un poquito de qué se trata.

Qué es el “estado de flow” (“el flujo” o “la zona”)

Seguro que has notado que, aunque estemos concentrados, no siempre lo estamos al mismo nivel. Hay momentos en que tenemos mayor concentración que en otros, ¿verdad?

Cuando estamos inmersos en la escritura, tenemos los cinco sentidos en esta tarea, la disfrutamos al 100% y nos da igual lo que ocurre a nuestro alrededor (podría pasar un elefante rosa volando junto a nosotros y no nos daríamos cuenta), estamos en “estado de flow”.

El concepto de “flujo” o “flow”, también denominado “la zona”, lo introdujo el psicólogo Mihály Csikszentmiháyi y se relaciona con la creatividad. Es un estado subjetivo que las personas experimentan cuando están completamente involucradas en algo, hasta el extremo de olvidarse del tiempo, la fatiga y de todo lo demás, excepto la actividad en sí misma.

Este sería el momento en que experimentas el mayor grado de concentración y, curiosamente, hace que te sientas muy bien realizando esa tarea que estás llevando a cabo. Como la escritura es una disciplina creativa, esta “zona” es donde fluyen todas las ideas, argumentos, personajes, escenarios… todo cobra coherencia y las palabras nos vienen casi sin esfuerzo. Cómo “mola” este estado, ¿no?

Sin embargo, a veces nos resulta complicado lograr una concentración tan intensa, e incluso en ocasiones nos cuesta concentrarnos a secas. A lo largo del día estamos sometidos a una gran cantidad de estímulos: el ruido del tráfico, el bullicio de la gente, el teléfono, las redes sociales, el canto de los pájaros, el “trepidante” vuelo de una mosca, etc. Aunque no nos interesen, estos estímulos captan nuestra atención y dificultan que nos concentremos en la tarea que deseamos realizar.

Además hay que sumar nuestros propios pensamientos, sentimientos e inquietudes. Vamos, que estar concentrados a veces es una misión realmente complicada. Pero que no cunda el pánico: podemos realizar algunas acciones que nos faciliten entrar en ese estado mental.

Por qué no nos concentramos

“Vamos a ver, Ruth, si podemos facilitar la concentración, ¿por qué cuanto más pienso que tengo que concentrarme, menos me concentro? Porque en lugar de entrar en el estado de flow me sumerjo en el ‘estado de me-cagüen-to'”.

Es cierto. En ocasiones empecinarnos en conseguir mantener la atención nos conduce a la frustración y nos genera ansiedad por no lograrlo. Por ello vamos a analizar los motivos que impiden nuestra concentración. Estoy segura de que ya se te están ocurriendo varios de ellos. Aquí te cuento los que se me han ocurrido a mí (si quieres añadir algún otro, ya sabes que me encantará leerlo en los comentarios).

La fatiga

Sí, estar cansados no nos lo pone fácil a la hora de concentrarnos en la escritura. Hay personas que se sienten más despejadas por las tardes (o incluso por las noches). Sin embargo, en mi caso no es así. Soy madrugadora por naturaleza y a esas horas, por lo general, estoy agotada. Hay veces que me he puesto a escribir por la noche, aprovechando el silencio de la casa, pero no logro redactar dos frases seguidas. El motivo es la fatiga.

Quizás tu caso sea distinto y sientas más cansancio si madrugas para escribir (porque no hayas dormido lo suficiente). Obsérvate y evalúa en qué momento del día estás menos cansado, ya que será entonces cuando te concentres con más facilidad.

Otras veces, sin embargo, el exceso de trabajo y las tareas cotidianas se hacen tan intensas que lo mejor es simplemente parar. Olvídate de la escritura durante unos días y dedica el tiempo que tenías destinado a ello a realizar otro tipo de actividades (pasear, escuchar música o tocarte la barriga: lo que quieras).

¿Conoces la historia del leñador que intentó talar un árbol con un hacha desafilada? Cuando alguien le hizo notar el estado de su herramienta, él contestó que no podía parar a afilarla porque perdería el tiempo y tenía que acabar con su tarea. ¿No crees que hubiera sido más efectivo si se hubiera parado un momento a afilar su hacha?

Pues eso, tu hacha es estar descansado para poder concentrarte y escribir. Si estás fatigado, es más efectivo que dediques tu tiempo de escritura a descansar, en lugar de obstinarte en redactar unas líneas.

Para evitar la fatiga:

  • Conócete y observa qué momento del día estás menos cansado y es más propicio para escribir.
  • Si lo anterior no es posible o estás muy fatigado por otras razones, dedica  durante unos días tu tiempo de escritura a descansar.

La falta de motivación

Cómo nos gusta inventar historias y fabular, ¿verdad? A veces basta con mirar la cara del vecino para armar un trepidante thriller de acción en nuestra imaginación (sí, me has pillado, tengo algún vecino algo siniestro). Sin embargo, escribir no es sólo imaginar historias. Esa es una parte importantísima, pero el escritor no se queda ahí.

Escribir requiere disciplina, esfuerzo y dedicación. Antes de sentarnos a desarrollar la historia, es necesario leer, documentarnos y formarnos. Y después de conseguir escribir nuestra novela o relato, es necesario revisar y corregir. ¿Realmente estás motivado para realizar todo esto?

Pregúntatelo y sé honesto contigo mismo al darte la respuesta. Quizás quieras contar una historia, pero no te compense dedicar todo el tiempo y esfuerzo que escribir un libro requiere. En mi opinión, es mejor conocerse y saber hasta dónde estamos dispuestos a llegar que intentar escribir una novela, no conseguirlo y acabar frustrados y desanimados.

Si la respuesta a esa pregunta es que no tienes tiempo o no te apetece emplear tanto esfuerzo a escribir un libro, pero tienes muchísimas ganas de ver plasmadas tus historias en papel, comienza por algún género más breve, como el relato o el microrrelato. Estos géneros, al ser menos extensos, pueden ajustarse más al tiempo y esfuerzo que estás dispuesto a dedicar.

Y si tampoco te ves escribiendo estos géneros, disfruta de inventar historias y espera a otro momento de tu vida en que te sientas más motivado para escribir el libro que deseas.

Si te falta motivación:

  • Comienza escribiendo algún género breve.
  • O espera a otro momento de tu vida que estés más motivado y continuar disfrutando de inventar historias.

Un estado de ánimo poco propicio

Quizás la causa por la que no te concentres para escribir es que estés viviendo algún momento complicado y tengas un estado de ánimo que no favorezca la concentración.

Por desgracia, todos hemos vivido algún momento parecido. A esto se suma que, por lo general, las personas con vocación artística son personas sensibles, empáticas y emotivas por naturaleza. Esto hace más probable que una discusión, un momento triste o una situación complicada nos afecte de tal manera que impida o nos ponga muy difícil concentrarnos.

Si te encuentras en esta situación, me encantaría poder ofrecer algún consejo para ayudarte, sin embargo no lo tengo. Sólo puedo expresarte mi solidaridad y decirte que, si estás viviendo un mal momento, al final todo pasa. Mucho ánimo.

Las interrupciones

Llaman al teléfono, el cartero pulsa el timbre del portero automático, tu pareja te pregunta que si prefieres los huevos fritos o en tortilla, un graciosete llama al vecino (sí, el siniestro) pitando sin control el claxon del coche…

Todos hemos hemos soportado situaciones como estas. En algunas ocasiones, cuando estamos ensimismados en la escritura, apenas las hacemos caso. Puede que nos aparten un momento de nuestra tarea, pero enseguida retomamos ese “flujo” y volvemos a la concentración inicial.

Sin embargo, esas ocasiones son las menos frecuentes. Por lo general, las interrupciones obstaculizan nuestra concentración, tanto si es logar entrar en ese estado mental como mantenerlo. ¿Qué podemos hacer en estos casos?

Siento no poder ofrecerte ninguna solución que no se te haya ocurrido antes a ti, pero realmente lo más efectivo es procurar aislarnos del entorno que favorece estas interrupciones. Si el origen más frecuente de ellas es el teléfono, por ejemplo, la solución más efectiva es apagarlo. Si es el bullicio de la calle, el mejor remedio es cambiar de ubicación a la hora de sentarnos a escribir.

Pero también hay otro tipo de interrupciones que creamos nosotros mismos, por ejemplo al consultar el email o ver las novedades en las redes sociales. Esto provoca que nos “dispersemos” en otras cosas y no nos centremos en la escritura.

Si en casa es imposible evitar las interrupciones y no dispones de un espacio donde aislarte, busca alguna biblioteca con una sala de lectura tranquila. Soy consciente de que esto no siempre es posible ya que hay algunas bibliotecas frecuentadas por personas que no se mantienen en silencio todo lo que nosotros necesitaríamos, siendo sus conversaciones el foco de otro tipo de distracciones o interrupciones. Sin embargo, quizás en las bibliotecas universitarias o en otras bibliotecas públicas que tienen alguna sala destinada, por ejemplo, a investigadores, puedes encontrar el silencio que buscas.

Tampoco deseches la idea de irte a algún parque o lugar al aire libre a trabajar. Tengo que confesarte es uno de mis sitios preferidos cuando hay buen tiempo. Evidentemente, aléjate de los lugares más concurridos y busca algún espacio tranquilo.

Intenta evitar las interrupciones…

  • Apagando el teléfono, el email y desconectando las redes sociales.
  • Buscando algún lugar aislado y tranquilo.
  • Si en casa no es posible encontrar la tranquilidad que necesitas, prueba en alguna biblioteca, parque, etc.

Y tú, ¿qué otros obstáculos a la concentración encuentras? ¿Cuál es tu remedio para solucionarlo? Cuéntame, cuéntame…

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RUTH M. RODRÍGUEZ,  Verbalina Escuela de Escritura Creativa

17 thoughts

  1. Hola Ruth,
    Muchas gracias por este blog q tanto ayuda. Me encanta.
    El otro día estaba en un atasco y vi como una hoja se desprendía del árbol q había a mi izquierda y como los rayos atravesaban el ramaje casi desnudo del otoño. Escribí un Haiku y antes de terminarlo me aporreaba el cristal un policía con su consecuente reprimenda. El tráfico seguía parado pero me pilló escribiendo en el móvil mi haiku…cómo explicarle esto….concentración pura y dura en plena vorágine camino del trabajo. Aunque me hubiera multado mereció la pena. Es verdad q fue imprudente y la próxima vez espero a aparcar pero la reflexión es que la creación la encontramos en cada paso y a cada momento del día a día.
    Estoy de acuerdo que tambièn hay que parar cuando no es el momento o no fluye y hacerlo con mucha alegría xq volverá. Un abrazo

    1. Hola Teresa: Muchas gracias por tu comentario. Me alegra que, al igual que yo, seas aficionada al haiku y sepas encontrar la belleza incluso esperando en un atasco. Un abrazo.

  2. Muchas gracias. También puedo agregar ciertas lagunas lingüísticas, lo que hace del flujo de las palabras ciertas inconsistencias en el momento menos esperado. El artículo es de gran ayuda para entender, por ejemplo, lo que llamaría los instantes de las palabras.

    Recibe mis afectos.

    1. Gracias por leer y comentar. En el próximo artículo sigo hablando de este tema. Espero que también te resulte interesante. Un saludo.

  3. Muchas gracias por este bolg, siempre lo espero, me gusta leerte.
    Es de gran ayuda. Muchas veces sufro ese bloqueo, pero cuando me sucede, no paro de escribir. Pongo números, 1,2,3…
    Me marcó un tiempo, un momento,tarde-noche, aunque cuandos los ánimos están bajos, me cuesta concentrarme.
    Mil gracias, esperando la segunda parte.
    Un saludo.

    1. Gracias a ti, Rosa, por leerme y contar tus impresiones. No sabía el “truco” de escribir números cuando la concentración se esfuma. Puede ser un buen ejercicio para volver al foco de atención. ¡Lo pondré en práctica y te contaré qué tal me va! Un abrazo

  4. Si no te concentras, es porque no tienes algo que decir.
    Porque si lo tuvieras ese “algo” te abre el camino.
    No pasa nada, hay mucha gente que no tiene algo que decir y si lo tiene es insulso,
    y ellos son unos sosos.
    Ahora ya tienes algo que decir Ruth. ¿Eres una sosa? defiéndete…

    1. Hola Gardin: creo que las personas que leeis este blog podréis opinar mejor que yo si soy o no sosa. Yo me veo la mar de salá…

  5. Hola Ruth!
    Soy una empleada de tiempo completo, en mi empleo hay muchas distracciones, pero siempre que hay espacios “muertos ” aprovecho para escribir de todo lo que veo a mi alrededor, realmente son microrelatos ( se puede decir ) y tengo ya bastantes borradores.

    Quisiera tener esa creatividad que se requiere para escribir todo un libro, pero independientemente de esto, me encantan tus publicaciones.

    Espero ansiosa el de la siguiente semana.

    Saludos!

    1. Norma Edith, me alegra mucho que tengas la capacidad de centrarte en esos ratos “muertos” y que escribas los microrrelatos. ¡Mucho ánimo y te animo a que intentes dar forma de libro a esos borradores que tienes!

  6. Bueno, Ruth, desde luego me viene que ni pintada esta entrada. Quizá añadiría otro motivo: “morder más de lo que puedes masticar”. Me refiero a que los que aspiramos a algo en la escritura no podemos centrarnos solo en la escritura. Debemos “blogalizar”, mostrarnos en las redes, embarcarnos en varios proyectos a la vez para intentar ser visibles. Todo ello carga la agenda, la apretada agenda que le puedes dedicar a esta vocación, con los restos del día que te deja el trabajo, familia y demás obligaciones. Entonces te llega la hora de escribir y piensas en la entrada de blog pendiente, en visitar tal o cual comunidad, en ponerte al día con tal o cual proyecto. Y todo te viene a la cabeza en esa hora escasa antes de que te llegue la fatiga. En fin, intentaré poner en práctica tus consejos. Un abrazo!!

    1. ¡Hola David! Me alegra volver a saludarte. Sí, tienes toda la razón. Según te iba leyendo me iba acordando de cosas que debo hacer… Quizá la clave no es tanto estar siempre concentrado al 100%, sino priorizar, analizarnos y superar esos “baches” lo antes posible. En el post siguiente continuaré hablando de este tema y daré algún “truquillo”. Ya me contarás… Un abrazo.

  7. Que excelente explicacion. Coincido totalmente con su planteamiento. Tomare medidas al respecto y aplicare sus consejos. Gracias Ruth.

  8. Hola, Ruth
    Aprovecho este comentario para decirte que he aprendido muchísimo de tu blog y el leerte me anima a nunca abandonar mis proyectos.
    Yo tengo serios problemas con la disciplina, hay veces que incluso hacer las labores del hogar me apetece más que enfrentarme a las escenas poco pulidas de mis proyectos literarios. Algo que me ayuda es que, como si estuviera en el colegio, me vigilen. Si mi esposo está haciendo alguna actividad junto a mí y le dije que iba a escribir, si lo hago, pero algunas veces tan pronto se va dejo de escribir. Y es problemático a nivel espiritual también, porque yo lo que quiero es vivir de la escritura, sin embargo algunas veces me comporto como si fuese una tarea pesada más que un maravilloso hobbie… pero ese ya es otro problema.

    1. Hola Karen: muchas gracias por leer y comentar el blog. Siento mucho que tengas esos problemas de disciplina que comentas. Es una pena que, gustándote tanto escribir, tengas que enfrentarte con momentos en que no tengas ánimos para sentarte a ello. Gracias también por compartir tu “truquito” para conseguir estar centrada. Saludos.

  9. Hola Ruth,
    Gracias por estas reflexiones. Siempre anima compartir instantes de bajón y ver cómo lo solucionan otras personas.
    ¿No podrías publicar algún artículo sobre cómo aumentar la creatividad? me interesa mucho el tema.

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