3 estrategias que diferenciarán tu novela o relato del resto

Si consultas con frecuencia este blog es porque ya has llenado varios folios con tus relatos o has trabajado en proyectos más extensos, como por ejemplo novelas. Es muy posible que hayas adquirido la práctica suficiente para que la prosa fluya cuando te sientas delante del ordenador, e incluso puede que tengas a la musa trabajando casi al 100% varias horas al día (en ese caso, dale un respirín de vez en cuando, no me seas “explotador”, ¿eh?)

Sin embargo, a pesar de toda esa experiencia y práctica, es posible que a veces no estés del todo satisfecho con tu texto. Puede que tras varios borradores y lecturas, tu relato o novela te guste pero no te apasione. Quizás pienses algo así como: “hum… no está mal, pero le falta un no sé qué… que qué sé yo….”

Para estos casos te propongo que juegues con tres elementos: el tiempo, el narrador y el formato textual. Ya verás cómo te ayudará a diferenciar tu novela o relato de otros que hayas escrito con anterioridad, o de la mayor parte de los que se han presentado a ese concurso en el que te hace ilusión participar.

Para diferenciar tu novela o relato juega con el tiempo, el narrador y el formato (disculpad la rima) - piopíalo    

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Juega con el tiempo de la narración

En el artículo Cómo comenzar una novela: elegir el momento de la historia (Parte I) te explicaba la diferencia entre el tiempo de la historia y el tiempo del discurso narrativo. No obstante, no está demás recordarlo aquí:

El tiempo de la historia: Un hecho es la causa del suceso siguiente y también la consecuencia del anterior. De este modo, los acontecimientos se encandenan manteniendo un orden cronológico.

El tiempo narrativo (o de la narración, del discurso, del relato, de la novela…): es el orden en que has decidido informar al lector de los hechos que viven tus personajes. En otras palabras, es el orden en que escribes los acontecimientos en tu texto.

Cuando escribimos nuestros primeros relatos solemos utilizar el orden cronológico. Como te explicaba en este otro artículo, las maneras más habituales de alterar este tiempo narrativo son comenzar in medias res o in extremas res y utilizar el flash-back para narrar las partes del pasado relevantes en la historia. Sin embargo, puedes explotar este recurso aún más. Sé imaginativo e investiga otras maneras de alterar el orden cronológico de la historia en tu tiempo narrativo. Aquí tienes un par de ideas:

  1. Del final al principio: No me refiero a que comiences in extremas res y luego realices un gran flash-back que lleve al lector al inicio para narrar a partir de ahí en orden cronológico hacia ese final. No es a eso a lo que me refiero. Lo que te propongo es que cuentes la historia “hacia atrás”. Un ejemplo lo tienes en uno de los relatos del libro Segundas personas, de Félix Chacón. El relato comienza en un momento decadente en la carrera profesional de una actriz porno. Después, se narra su época de éxito en el cine para adultos. El relato termina contando cómo la protagonista decidió adentrarse en ese mundo. Como ves, la historia se cuenta desde el presente hacia el pasado, es decir, “hacia atrás”. ¿Has visto la película Memento? Pues a eso me refiero.
  2. Alternar dos tramas paralelas, cada una de un tiempo distinto de la misma historia: Al igual que puedes trenzar en tu relato o novela dos tramas con personajes e historias distintas, ¿por qué no trabajas dos momentos diferentes de la misma historia (por ejemplo pasado y presente) como dos tramas paralelas que se entrelazan? De este modo, podrías narrar la historia de tus protagonistas en el pasado de forma paralela a como se desarrolla la parte del presente. Estarías utilizando la analepsis (flash-back), pero no una única vez o de manera secundaria. Por el contrario, esos flash-back serían tan frecuentes y relevantes para la historia que, como te decía, constituirían otra trama paralela. Un ejemplo lo tienes en la novela Tomates verdes fritos de F. Flagg.

Lo que te propongo, en definitiva, es que juegues con este tiempo narrativo, que lo disloques al servicio de crear una mayor tensión en el relato, o un mayor impacto en el lector.

Juega con las voces del narrador y los puntos de vista de la historia

Si ahora mismo vas a la carpeta donde tienes guardados tus primeros relatos, estoy casi segura de que la mayor parte los has escrito con una de estas dos voces:

  • Narrador omnisciente, en tercera persona (ya sabes, ese narrador que “lo sabe todo”).
  • Narrador protagonista, en primera persona.

La razón de esto es que suelen ser las dos voces del narrador más semejantes a la voz del autor. El autor, sobre todo en los primeros textos, se identifica con el protagonista o bien cuenta la historia “él mismo” sin desdoblarse en un “otro” contador de la historia.

Pero tú ya estás avezado en estos temas y te animo a que salgas de tu zona de confort. Ya sabes que la historia puede cambiar si la cuenta un personaje u otro, al igual que si se narra sólo lo que se percibe por los sentidos (y nos alejamos de ese omnisciente que penetra en los pensamientos más profundos de los personajes).

¿Por qué no pruebas otras voces y perspectivas, como narrar en primera persona pero como un personaje secundario? ¿O mejor aún, narrarlo en segunda persona, implicando a un imaginario tú o al propio lector?

Juega con los formatos textuales

Otra característica de nuestros primeros textos es que suelen estar escritos utilizando la prosa y dentro del formato literario que se espera de un relato o novela. Si pensamos en ofrecer una mayor originalidad y decidimos cambiar el tipo de formato textual, normalmente recurrimos al diario o a la carta. Sin embargo, anímate a probar otro tipos de textos. Por ejemplo, puedes utilizar en tu narración wassaps, recetas de cocina (como en Como agua para chocolate de L. Esquivel) poemas, informes médicos (como en De todo lo visible y lo invisible de L. Etxebarría), canciones, noticias de prensa… incluso notas y avisos que se dejan en la puerta de los establecimientos cuando el propietario está ausente. Como ejemplo, aquí tienes el microrrelato Aviso de M. José Barrios González:

“Estimados clientes,
He salido un momento a pedir la mano de Rosaura, la hija del sastre. Llevo demasiado tiempo solo.
Si acepta, huiremos juntos de la ciudad, nos casaremos en la primera iglesia que encontremos en el camino y tendremos dos hijos. Al mayor lo llamaremos Anselmo, por mi abuelo.
De lo contrario, volveré en cinco minutos.
Disculpen las molestias,
M.”

Y tú, ¿has salido de tu zona de confort y has jugado con estos tres elementos? ¿Cuál es tu preferido? Cuéntame, cuéntame…

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RUTH M. RODRÍGUEZ,  Verbalina Escuela de Escritura Creativa

8 thoughts

  1. Muchas gracias, Ruth. Muy interesante.
    He intentado incurrir en nuevos aspectos similares a los que describes aquí. Algunos con más aceptación (no me atrevo a usar “éxito” aún) que otros.
    En un cuento hice una jugada arriesgada: Usé la analépsis para mostrar porqué el personaje está en el estado actual. Usé narración en tercera persona y tiempo pasado para las partes del presente del personaje; para el pasado usé primera persona y tiempo presente. Tuve la loca idea de que así podría transmitir los motivos de un presente que genera el futuro actual (¡Uf!)
    Bueno, se entendió, aunque no es del todo el formato habitual de cuento.
    Tu artículo me impulsa a seguir probando cosas nuevas.
    Gracias, una vez más.

    1. ¡Estupendo, Miguel! Me alegra saber que eres imaginativo y creativo a la hora de escribir. Mucho ánimo y sigue escribiendo.

  2. Gracias Ruth! Ahora mismo estoy destrabando una novela y me vienen muy bien tus sugerencias
    Gracias.

  3. Gracias Ruth. Me anima tu artículo. Estoy utilizando todo ello, un poco Sui generis… ¡Es un guión para una serie tv de diez capítulos!. Por favor, no dejes de enseñarnos cosa. El saber que son recursos útiles y que alguien como tú los aconseja, me transmite energía positiva. Besos y gracias.

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