Cómo escribir con la “regla del tres”

¿Qué tienen en común el cuento de Los tres cerditos;  los personajes Harry, Ron y Hermion (de la saga Harry Potter); o la estructura “planteamiento, nudo y desenlace”? ¿Lo sabes? ¿No se te ocurre? En ambos casos, te animo a que sigas leyendo.

Qué es la “regla del tres”

Aunque la conocemos como “regla del tres”, en realidad no es ninguna regla o norma. Tampoco es ninguna fórmula matemática (eso es la “regla de tres”, no “del tres”… no te despistes).

La “regla del tres” es una sucesión de tres elementos. Este tipo de sucesión provoca un patrón muy cortito que el cerebro puede reconocer con facilidad. Retomemos la pregunta del inicio: ¿Qué tienen en común el cuento de Los tres cerditos;  los personajes Harry, Ron y Hermion (de Harry Potter); o la estructura “planteamiento, nudo y desenlace”? En efecto, como ya has averiguado, en todos ellos hay tres elementos y está presente esta “regla”, aunque de maneras distintas.

Como te explico a continuación, este patrón tan simple puede encerrar ideas complejas, y es aplicable a diferentes ámbitos: desde estructurar una novela hasta escribir un diálogo.

Por qué el patrón de tres elementos es útil para el escritor

Este patrón ofrece varias ventajas que, como escritores, pueden sernos útiles:

Descubre por qué el patrón de 3 elementos puede ser inspirador para el escritor - piopíalo    

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Es breve, fácil de recordar y aporta ritmo

  • Tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor.
  • En casa ajena: oir, ver y callar.
  • Te costará sangre, sudor y lágrimas.

Estoy segura de que no has tenido que oir o leer muchas veces estas frases para que se te queden grabadas en la memoria. Como ya habrás notado, los ejemplos anteriores son expresiones con enumeraciones de tres palabras. Como explicaba antes, ese grupo de 3 elementos es breve y nuestra memoria puede retenerlo sin esfuerzo. Pero además, aporta ritmo a la expresión, lo que hace que sea aún más “pegadizo”.

Aunque con anterioridad te he aportado ejemplos de 3 palabras, recuerda que esta “regla del tres” se refiere a tres elementos. Esos elementos pueden ser, por ejemplo, frases o expresiones más largas. Aquí tienes un ejemplo de Séneca:

Decir lo que sentimos, sentir lo que decimos, concordar las palabras con la mente.

Como ves, el primer elemento es “decir lo que sentimos”, el segundo “sentir lo que decimos” y “el tercero “concordar las palabras con la mente”. Esta cita de Séneca es breve, tiene ritmo y no es difícil de recordar (aunque, qué duda cabe, también contribuye al ritmo el empleo del infinitivo como primera palabra para las tres frases y la repetición de la estructura “infinitivo + lo que + verbo en presente).

Otro ejemplo similar es la famosa presentación del personaje de Íñigo Montoya (La princesa prometida, de W. Goldman):

Me llamo Íñigo Montoya, tú mataste a mi padre. Prepárate a morir.

No me digas que, si conoces la obra (también hay una película), no has repetido este fragmento alguna vez… es bien pegadizo.

Expone el desarrollo o evolución de algo

Estos tres elementos de “la regla del tres” pueden relacionarse de diferentes formas. Por ejemplo, si se quiere subrayar una única idea, tendrían una relación de similitud (“el suelo estaba limpio, reluciente, sin mácula”).

Pero puede existir otro tipo de relación que puede sernos muy útil: la idea de progreso o de desarrollo. ¿Recuerdas la célebre frase de Cayo Julio César sobre su victoria en la batalla de Zela? Sí, claro, esa que dice:

“Vine, vi, vencí” (veni, vidi, vici)

Observa que en esas tres palabras se expresa del desarrollo de la batalla según la vivió el caudillo romano: Julio César simplemente llegó allí, observó al enemigo y lo venció.

Quizás en esta frase tan breve no termines de comprender a qué me refiero cuando digo que hay una relación entre los tres elementos que indica el desarrollo o la evolución de algo, por eso déjame que te ponga otro ejemplo: la estructura clásica de la historia. Como sabes, esta estructura consta de tres elementos: planteamiento, nudo y desenlace. En el planteamiento de la historia presentas a los personajes y esbozas el conflicto; en el nudo, ese conflicto se expresa con más fuerza y en el desenlace se resuelve. ¿Percibes esa relación entre los elementos (planteamiento-nudo-desenlace) que indica un “desarrollo de algo”?

Retomemos la cita de La princesa prometida: “Me llamo Íñigo Montoya, tú mataste a mi padre. Prepárate a morir”. Aquí puedes observar también esa noción de desarrollo y evolución. Primero, el autor presenta al personaje dando su nombre. Después, expresa el conflicto de la historia de este personaje, en este caso la historia de una venganza (“tú mataste a mi padre”). Por último, da pie o detona cuál sería el desenlace de la historia de venganza de Montoya (“prepárate a morir”).

También puedes encontrar esta idea en las tres partes que suele tener un texto no literario: introducción, exposición (o debate), y conclusión. Para que un tema quede bien desarrollado, en primer lugar se presenta, luego se debaten los diferentes enfoques para cerrar con las conclusiones del autor.

¿Por qué interesa esa idea de proceso o desarrollo que encontramos en la relación de los elementos de un grupo de tres? Porque nos va permitir crear expectativas. A continuación te cuento cómo:

Puede crear una expectativa sobre su último elemento

Ahora es el turno de los 3 cerditos. Todos conocemos ese cuento infantil y sabemos cuál es su planteamiento, su nudo y su desenlace. También sabemos que hay un lobo emperrado en comerse a los cerditos y que dos de ellos son algo flojos para construir su casa. El inicio de la historia ya lo conoces: el lobo visita al primer cerdito, sopla su casa y la desmorona. Durante la visita del lobo a la casa del segundo cerdito, la tensión de la historia va creciendo. Se generan unas expectativas en el lector sobre lo que va a suceder porque ya conoce lo que pasó cuando el lobo sopló la primera casa. Y esa segunda intervención del lobo no es menos: las expectativas se cumplen y la segunda casa se desmorona. Sin embargo, ¿qué ocurre en la tercera? Todo lo contrario.

En otras palabras, jugar con tres elementos permite crear expectativas en el lector que bien pueden afirmarse (como en el caso del segundo cerdito) como quebrarse de manera más o menos sorprendente (eso sucede con el tercer cerdito).

A nivel narrativo, esta idea la podemos trabajar para crear tensión y aumentar la sorpresa en nuestra historia. Así, por ejemplo, si concentramos la trama de un relato en tres sucesos (o bien tomamos tres escenas de una novela), podemos crear dos similares y un tercero que a priori pareciera similar pero que no lo fuera, rompiendo esas expectativas en el lector.

Pero no sólo podemos jugar con esta idea a nivel narrativo, también podemos trabajarlo a nivel lingüístico. Observa esta cita del político B. Disraeli que popularizó  Mark Twain:

Hay tres tipos de mentiras: mentiras,  grandes mentiras y estadísticas

Qué duda cabe que la palabra “estadísticas” es algo inesperado que ha roto las expectativas del lector (que estará pensando en “inmensas mentiras” o algo así).

Otro ejemplo: recuerda la frase de Séneca que he comentado antes: Decir lo que sentimos, sentir lo que decimos, concordar las palabras con la mente. El lector espera algo como “concordar lo que pensamos con lo que decimos” (siguiendo con la estructura “infinitivo + lo que + verbo en presente y primera persona del pluarl). Sin embargo, se sorprende al lector con otro tipo de construcción gramatical (“las palabras con la mente” = artículo + sustantivo + preposición + artículo + sustantivo).

Aquí tienes 3 ideas para utilizar la “regla del tres” en una obra literaria - piopíalo    

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3 Ideas para utilizar la “regla del tres” en una obra literaria

Por supuesto, en tu obra puedes utilizar los recursos que desees. Ninguna de estas ideas son una recomendación que haya que llevar hasta las últimas consecuencias. Cada novela y cada relato es diferente y requiere un trabajo distinto, de la misma manera que no hay 2 escritores iguales. Por tanto, tómate “la regla del tres” como un recurso que puedes explorar, no como un corsé que oprima tu inspiración.

Crea grupos de 3 personajes

Un error que podemos cometer en nuestros primeros escritos es utilizar demasiados personajes con una presencia similar o de una importancia parecida en la obra. Esto puede hacer que el lector confunda las historias de dos personajes demasiado semejantes o que tengan algún tipo de relación.

Un grupo de 3 personajes es lo bastante reducido como para que el lector pueda recordar la individualidad de cada uno y a la vez lo bastante amplio para que entre ellos existan diferentes tipos de relación. Un ejemplo lo tienes en Harry, Ron y Hermion, de la saga Harry Potter de J. K. Rowling. Aunque Harry es el protagonista, Ron y Hermion son su complemento perfecto. Estos personajes son diferentes entre sí, pero complementarios. Otro ejemplo puedes encontrarlo en Luke Skywalker, Han Solo y la princesa Leia.

Describe escenarios y personajes con tres detalles

¿Recuerdas cómo J. R. Jiménez describe a Platero?

Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos.

En efecto, lo hace en dos secuencias de “grupos de tres”. La primera es “pequeño, peludo, suave”, tres adjetivos que dan una idea global de la apariencia de Platero. A continuación, hay otra secuencia de tres elementos que refuerzan la idea anterior: “tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos” (blando-algodón-no huesos).

Ya hemos hablado de la presentación del personaje de La princesa prometida, Íñigo Montoya, cuyas tres frases son toda su historia.

También puedes trasladar esta idea a los escenarios y describirlos con tres adjetivos o tres detalles que den una primera idea del lugar. Por supuesto, tanto en el caso de los personajes como en el de los escenarios, esa descripción se puede ir completando a lo largo de la obra.

Prepara al lector para el clímax, un giro argumental o el desenlace en tres escenas

Ya hemos comentado el ejemplo del cuento de Los tres cerditos. Hay tres escenas similares: el lobo intenta derribar una casa a base de algo tan práctico y barato como sus soplidos en tres ocasiones, una por hermano cerdito. Lo consigue en las dos primeras, pero no en la última. Ese hecho que rompe la secuencia (lobo sopla-casa se derrumba) hace detonar el desenlace de la historia.

Esta estructura que aquí se emplea como estructura de relato, también la puedes utilizar en un fragmento de tu novela donde quieras realizar un giro argumental o bien desees emocionar al lector de una manera más impactante.

Y tú, ¿has pensado alguna vez en utilizar esta “regla del tres” o has empleado este recurso de manera intuitiva, sin conocerlo? Cuéntame, cuéntame…

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RUTH M. RODRÍGUEZ,  Verbalina Escuela de Escritura Creativa

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