3 ideas para dividir tu novela en capítulos

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¿Sabes que tenía un profesor que decía que la Historia era como un salchichón? Mi profe nos explicaba ésto cuando hablaba de las divisiones que se habían realizado del tiempo histórico (Prehistoria, Edad Antigua, Edad Media…) Para él era como si la Historia se hubiera convertido en un salchichón y se hubiera cortado en lonchas. Pero además establecía otra similitud. Te explico: teníamos, por ejemplo, una rodaja de Edad Contemporánea. Según él, si observábamos ese “pedazo de Historia”, veíamos que los diferentes elementos que lo formaban (procesos históricos, personas, etc.) eran trasversales a la “división en lonchas”; al igual que las partes del famoso embutido (carne, grasa, pimienta…) pueden tener su continuidad en varias rodajas.

No sé si esta teoría del salchichón es original de mi profe o no, pero a mí me va a servir para introducir el tema del que quiero hablar hoy: cómo dividir una novela en capítulos. Y aquí viene la gran pregunta:

¿podríamos decir también que la novela es un salchichón y cada capítulo una rodaja? - piopíalo    

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Dejando a un lado el salchichón y la lección de Historia, la división de la novela en capítulos es una de las cuestiones en las que tenemos que pensar a la hora de construir nuestro texto. En realidad, la primera pregunta que nos podríamos hacer es si realizamos o no estas divisiones en nuestro libro. Es cierto que lo más habitual es presentar la novela al lector de forma fragmentada, pero no es algo obligatorio (por ejemplo, La carretera, de C. McCarthy, no está dividida en capítulos).

3 razones para fragmentar el texto en capítulos

El motivo de dividir nuestra obra en capítulos pueden ser varios. Te expongo estos tres:

  1. Facilitar la lectura: por lo general, una novela es lo suficientemente extensa como para no leerla de una sentada. Al dividirla en capítulos, estamos facilitando que el lector sepa dónde puede abandonar la lectura hasta el siguiente momento en que se siente frente al libro.
  2. Construir la estructura de la obra: si en nuestra novela alternamos diferentes voces de narrador, cambiamos de escenario, realizamos saltos en el tiempo, etc., la división en capítulos nos va a ayudar a presentar esta información de manera coherente, y el lector lo asimilará con más facilidad.
  3. Aumentar la tensión de la trama: ¿no te ha ocurrido que estás leyendo un capítulo y se queda en el momento más emocionante? Sí, ¿verdad? Entonces, aunque abandones la lectura, estás deseando comenzar el capítulo siguiente. Como ves, con una buena división en capítulos podrás manejar de manera más eficaz la tensión y suspenso de tu libro.

3 ideas para dividir en capítulos tu novela

Como ya supondrás, no existen reglas fijas ni límites para establecer la subdivisión de la obra (por cierto, ésta es una de las cuestiones que más me gusta de escribir: que es una labor creativa y abierta). Hay muchas maneras de establecer la división en capítulos de tu novela (por hitos en la trama o escenas, por personajes, voces del narrador, escenarios, etc.), pero en este artículo quiero ofrecerte tres ideas que puedas aplicar en cualquiera de los criterios anteriores:

  1. Da prioridad al criterio estilístico y estructural frente al de extensión del texto
  2. Márcate uno o dos objetivos por capítulo
  3. Finaliza el capítulo con un cliffhanger o cuélgalo del precipicio

Vamos a ver cada una de estas ideas con más detalle.

1. Da prioridad al criterio estilístico y estructural frente al de extensión del texto

La primera de las razones que te ofrecía para dividir la novela en capítulos era el de facilitar la lectura mediante la división en textos más pequeños. Sin embargo, éste no debería ser el único criterio para establecer la división. Si te has propuesto, por ejemplo, crear una obra en que cada capítulo tenga un número de páginas o de palabras determinado, te sugiero que este criterio sea complementario (y no único) al criterio estructural o estilístico.

Por lo general, tu obra será más atractiva para el lector (y probablemente estará mejor construida) si, en lugar de buscar el número de páginas perfecto, prefieres dejar el capítulo en suspenso (para crear tensión) o atiendes a un criterio estructural.

Al igual que no hay un número ideal de capítulos para tu novela, tampoco hay un número mágico de páginas para cada capítulo: extiéndete lo que necesites para narrar bien tu historia (ni más ni menos). - piopíalo    

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Aunque es cierto que, siguiendo un criterio comercial, se prefiere un mayor número de capítulos más cortos, ya que ofrecen una mayor agilidad de lectura, a un menor número de capítulos más largos, lo que puede conducir a una lectura más pausada o que requiera de un mayor tiempo de concentración.

En mi opinión, como no todos los lectores son iguales ni todos los estilos o géneros requieren lo mismo, (además de que también tú tendrás tus preferencias como autor), el criterio comercial y el del número de páginas pasarían a un segundo plano frente al estilístico y estructural.

2. Márcate uno o dos objetivos por capítulo

¿Te ha ocurrido que después de leer un capítulo has pensado: “y estas páginas, para qué”? Es probable que sí. Leer un capítulo y no tener la sensación de haber avanzado en la novela puede ser algo frustrante para el lector.

Con el verbo “avanzar” no me refiero exclusivamente a que ocurran más o menos acontecimientos, sino a que se haya ofrecido información significativa sobre la historia. Esta información puede ser, por ejemplo, la presentación de un personaje. En este caso, aunque el capítulo no narra un hecho trascendente, se ha expuesto información que después tendrá importancia en la obra.

Pero también nos puede suceder lo contrario: a veces, hemos terminado de leer un capítulo y nos sentimos un poco abrumados porque se ha ofrecido demasiada información significativa. Puede ser porque ocurran demasiadas aventuras, o bien porque éstas forman parte de diferentes subtramas (y el resultado haya sido un poco engorroso o confuso), o porque se han realizado excesivos cambios de escenario, entre otras razones. Todo ello puede dar sensación de que el capítulo está demasiado atiborrado de información importante para el lector.

Por ello, te sugiero que te marques uno o dos objetivos por capítulo. - piopíalo    

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Estos objetivos pueden ser variados (ya he mencionado alguno): presentar un personaje, narrar un punto de giro, exponer una historia dentro de la historia (aquí hablaba de ello), realizar un flash-back, etc.

Es cierto que, como ya estarás pensando, alguno de estos objetivos pueden ser breves. En ese caso, será más adecuado incluir otro para completar el capítulo. Por ejemplo, puede que la presentación de un nuevo personaje de importancia media para la trama no requiera un capítulo entero, sino sólo una parte.

Sin embargo, en un principio puedes haberte marcado algún objetivo que después compruebas que puede ocupar varios capítulos (precisamente porque se ofrece demasiada información significativa al lector). En ese caso, te propongo que hagas el mismo ejercicio: analizar “las tripas” de ese objetivo. Un ejemplo puede ser el realizar el flash-back, que antes mencionaba. Si tenemos mucha información que contar en ese salto al pasado de la historia, quizás sería adecuado subdividirlo en varios capítulos.

Te lanzo una idea: cuando pienses en la estructura en capítulos de tu novela, pregúntate “¿qué quiero contar aquí?”. Haz una lista de las informaciones que quieres transmitir al lector y valora si son las adecuadas - piopíalo    

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3. Finaliza el capítulo con un cliffhanger o cuélgalo del precipicio

El final del capítulo es el momento para que pongas al lector al borde del precipicio. Colócalo justo en la orilla de un acantilado y déjalo ahí hasta el capítulo siguiente en el que decidirás si se cae al mar o si se va corriendo hacia la pradera. En otras palabras: que la parada en la lectura que supone el terminar un capítulo sea un momento en que la historia se congele y/o genere una expectativa que se resolverá en el más adelante. Con ello contribuirás a crear una mayor tensión y suspense en tu texto.

La palabra cliffhanger nos viene del inglés y del mundo de las series de televisión, donde se ha utilizado mucho esta técnica.

En este momento tengo sobre la mesa la novela de Patrick Ness Un monstruo viene a verme. La última frase del capítulo 8, “La primera historia”, puede ser un ejemplo de este recurso:

–La historia –dijo el monstruo– no ha acabado todavía.

Con sólo esta frase se deja al lector justo al borde del abismo, sin saber qué va a pasar, pero con la expectativa de que lo que ocurrirá será algo interesante de leer. - piopíalo    

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Y por último…

Al inicio de este artículo te preguntaba si podríamos decir que la novela es como un salchichón y cada capítulo como una rodaja. ¿Creías que ya me había olvidado de esta tontería? Pues no.

Te cuento lo que pienso al respecto:

  • Los elementos de la novela (personajes, trama, narrador…) pueden tener continuidad en varios capítulos, como las rodajas del salchichón comparten los elementos de los que se compone el embutido.
  • Partir la novela en lonchas (capítulos) nos va a ayudar a que el lector se la coma poquito a poco (es decir, facilitamos su lectura).
  • Al igual que un salchichón, podemos cortar la novela en las rodajas que queramos y en el lugar que deseemos.
  • Es preferible cortar la loncha de tal manera que el comensal se quede con ganas de más, como en la novela podemos finalizar el capítulo en un momento en que el lector quiera continuar leyendo.

Y tú, ¿qué criterios tienes a la hora de establecer la división en capítulos de tu novela? ¿Has puesto en marcha alguna de estas ideas? ¿Has pensado en lo que te preguntaba del salchichón? Cuéntame, cuéntame…

RUTH M. RODRÍGUEZ,  Verbalina Escuela de Escritura Creativa

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7 thoughts

  1. Me encanta tu información es muy esclarecedora.
    Para mi necesária y apropiada,a mis intenciones,
    en relación a mi libro.
    Y si .que la idea de salsichón facilita , haciendo
    más leve el trabajo.
    Muchas Gracias.

    1. Gracias por leer y comentar. Me alegra también que la tontería del salchichón te haya resultado simpática. ¡Saludos!

  2. si te digo la verdad, exactamente es la metodología que aplico al escribir, el suspenso, la intriga, el borde del precipicio, la duda, la incógnita, las frases truncadas o las metáforas para obligar al lector a que piense sobre la intención de los personajes o la obra.

    EPEV-Poerrante

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