El gran secreto para enganchar al lector con el efecto Zeigarnik

Hace unas semanas te hablé del efecto Zeigarnik a propósito de la concentración del escritor. Ya entonces te adelanté que quería hablarte un poquito más sobre este efecto psicológico y analizar cómo podemos sacarle partido a la hora de escribir nuestras novelas y relatos.

De eso trata el artículo de hoy. Espero que te sea de utilidad.

Qué es el efecto Zeigarnik

El efecto Zeigarnik lo descubrió la psicóloga Bluma Zeigarnik al observar cómo trabajaban los camareros de un restaurante. Estos eran capaces de recordar largas comandas que estaban pendientes de servir. Sin embargo, tenían más dificultad en recordar los platos que ya habían servido. En otras palabras, parecía que la memoria de esos camareros había dado prioridad a recordar la información sobre pedidos inconclusos frente a los datos sobre las comandas finalizadas.

A partir de esta observación, Zeigarnik desarrolló un estudio cuyas conclusiones publicó en 1927 (sí, ha pasado tiempo). La psicóloga realizó un experimiento con un grupo de personas que debían ejecutar una serie de entre 18 y 21 tareas sucesivas. Cuando los individuos que participaban en el experimento comenzaban a realizar las tareas, a veces eran interrumpidos y tenían que dejar alguna a medio hacer.

Al finalizar la prueba, Zeigarnik comprobó que estas personas recordaban mejor las tareas que se habían interrumpido. Así, esta psicóloga constató que los recuerdos sobre procesos inacabados se almacenan mejor en la memoria que los del resto de proyectos.

Aplicaciones del efecto Zeigarnik

Como recordarás por mi otro artículo, el efecto Zeigarnik es un “enemigo del escritor” porque es el que provoca que tengamos pensamientos intrusivos que impiden la concentración cuando deseamos escribir. En otras palabras, es el responsable de que, cuando nos sentamos a trabajar en nuestra novela, recordemos ir a recoger un paquete a Correos en lugar de concentrarnos en la historia que vivirá nuestro personaje.

En la década de 1950, la psicología retomó el interés por estudiar la memoria y profundizó en el efecto Zeigarnik. Se establecieron algunas hipótesis sobre cómo es posible hacer que este efecto juegue a nuestro favor.

Una de estas hipótesis plantea realizar pausas mientras se está aprendiendo para hacer que los procesos mentales que intervienen en la memoria almacenen bien la información y el aprendizaje sea más eficaz. Así, un estudiante que dedica una jornada de 4 horas al estudio recordará mejor la información si realiza alguna pausa durante ese periodo que si, por el contrario, no se levanta de la silla durante las 4 horas.

Las aplicaciones de este efecto no sólo tienen que ver con el aprendizaje o el estudio. También se han analizado en otros ámbitos, como es la publicidad. Así, es probable que hayas ido al cine tras ver un emocionantísimo tráiler. Observa cómo se ha “pausado” la trama al finalizar el tráiler, haciéndote desear ver la película y finalizar, por tanto, la “tarea”.

El gran secreto para atrapar al lector con el efecto Zeigarnik

¿Te ha ocurrido alguna vez que no puedes dejar de pensar en una canción? Por poco que te guste la canción, ahí estás, tarareándola de manera obsesiva.

Esto se debe, entre otras cuestiones, al condenado efecto del que hablamos en este artículo. Observa que la canción tiene una estructura que alterna momentos más largos con otros más cortos y repetitivos (estribillos). Los fragmentos repetitivos son más fáciles de recordar (por lo general, si te dicen algo 100 veces lo recuerdas mejor que si sólo te lo dicen 1 vez). Así, estos estribillos diabólicos afloran a la memoria con facilidad.

Por otro lado, a tu cerebro le gusta acabar lo que empieza. Recuerda ese estribillo porque es fácil evocarlo, pero, en lugar de hacerlo una vez, lo hace obsesivamente. Esa repetición se debe a que el cerebro te está diciendo que “necesita” acabar la canción.

¿No sería fantástico que el lector tuviera esa “necesidad” de acabar tu libro sin el inconveniente de ser repetitivo y pesado como ese estribillo?

La clave está en interrumpir la estructura narrativa

Vale, he guardado muy poco suspense al exponer en el subtítulo el gran secreto… pero estaba deseando contarlo.

En tu novela o relato residen varias estructuras diferentes. Por un lado, tienes la estructura que da forma a la obra completa. Sería un esquema donde, por ejemplo, estableces la división de una novela en capítulos y repartes entre ellos las escenas. ¿Otro ejemplo? Los tres actos (planteamiento, nudo, desenlace) que puedes seguir en un relato.

Por otro lado, también tienes otras estructuras, como puede ser la que componen el tándem “escenas de acción y reacción” (como te explicaba en este artículo), o la estructura interna de cada escena.

Como decía, el cerebro no se siente satisfecho hasta que concluye una estructura. Por esta razón, al interrumpirlas el lector deseará continuar la lectura para descubrir su final. En efecto, es eso que estás pensando: esta idea está relacionada con la creación del suspense en la narración.

Estoy segura de que has visto alguna serie de televisión en la que el final de un episodio es tan emocionante que no puedes esperar a la próxima semana para ver la continuación. O bien has terminado de leer un libro que forma parte de una saga y estás deseando “hincarle el diente” a la siguiente obra.

En esos ejemplos hay dos formas distintas aprovechar el efecto Zeigarnik:

  1.  Interrumpir la estructura narrativa en un momento álgido o en su clímax, como en el caso de la serie televisiva.
  2. Esbozar que se abre una nueva estructura, como sucede cuando leemos un libro que pertenece a una saga. En esa novela se resuelve el conflicto de su historia (se finaliza la estructura). Sin embargo, también se siembran otros elementos que pueden esbozar nuevos conflictos (se esbozan nuevas estructuras y se “pausan”). Estos últimos son los que el lector espera que se desarrollen en el resto de novelas de la saga.

4 ideas para aprovechar el efecto Zeigarnik en nuestras novelas y relatos

Una vez que hemos “revelado el secreto” me gustaría que hablarte de cuatro estrategias concretas que puedes adoptar en tus textos.

1. Comienza la obra con una escena del futuro de la historia y déjala en pausa

En este artículo te explicaba en qué consisten los comienzos in medias res e in extremis. Comenzar nuestra novela o relato con una escena del futuro de la historia tiene que ver con estas maneras de comenzar una obra. Pero no es exactamente lo mismo. Una obra puede comenzar in medias res o in extremis y continuar cronológicamente hasta el final.

Sin embargo, lo que te propongo es que tomes una escena muy vibrante de tu historia (tendrá que ser una escena de acción) y la dejes sin resolver. Después puedes realizar un flashback y narrar tu historia. Más adelante retomarás esa escena y le darás una resolución.

Además de ser una escena impactante, es recomendable que evoque preguntas al lector. De este modo no sólo deseará seguir leyendo para conocer el resultado de la escena, sino que querrá saber la respuesta a esas preguntas que se han dejado esbozadas.

2. Trabaja un final abierto

Qué duda cabe que los finales cerrados pueden ser maravillosos. Más aún cuando suponen un giro sorprendente en la historia. Sin embargo, los finales abiertos dejan las incógnitas que plantea el conflicto “a medio resolver”. Como deducirás por lo expuesto anteriormente, el lector recordará con mayor facilidad ese tipo de final debido a que se ha quedado incompleto.

No obstante, coincidirás conmigo en que es difícil crear un buen final abierto. No hay que confundirlo con dejar cabos sueltos en la trama. La trama sí tiene resolución, pero ésta es ambigua o evocadora. La historia no termina en la última página, sino en la mente del lector, quien completa ese final. Cerrar el libro es sólo una “pausa”.

3. Finalizar los capítulos en cliffhanger

De este tema ya te he hablado aquí, por lo que no voy a extenderme mucho más. Sólo recordarte que el cliffhanger supone dejar a tus personajes al borde del precipicio al final del capítulo. El lector tendrá que continuar la lectura para sin saber si se lanzarán por él o no.

Aunque es una buenísima idea utilizar este recurso, también es cierto que no es conveniente acabar todos los capítulos de ese modo, ya que, si no lo hacemos muy bien, el lector puede cansarse. Por ello, una buena idea puede ser combinar este recurso con el que te expongo a continuación.

4. Espaciar la escena de acción y la de secuela

Como te apuntaba en líneas anteriores, aquí tienes desarrollado en qué consiste cada una de estas escenas. La idea es “crear una pausa” entre acción y resolución en otros momentos del libro (no sólo al final del capítulo). Acción y secuela pueden estar en el mismo capítulo, ya que esa “pausa” tampoco tiene que ser de muchas páginas.

Recuerda que la idea general es ir creando estructuras y “abandonarlas” cuando el lector está interesado en ellas para retomarlas más adelante. Por otro lado, también puedes ir sembrando esas nuevas estructuras, dejándolas sólo esbozadas. Aunque es menos impactante, también provocará el interés del lector. Combina diferentes recursos para crear e interrumpir estructuras (pueden ser estos 4 u otros que se te ocurran). De este modo, no aburrirás al lector.

Y tú, ¿conocías este “gran secreto”? ¿Qué otras ideas se te ocurren de aprovechar el efecto Zeigarnik en la escritura de novelas y relatos? Cuéntame, cuéntame…

RUTH M. RODRÍGUEZ,  Verbalina Escuela de Escritura Creativa

14 thoughts

  1. De verdad, una excelente ayuda, con ideas que no conocía muy bien. Se me ocurre que en los intervalos o los momentos de descanso se pueden asociar ciertas experiencias que no contaban en la planeación del escrito. Recibe cordial saludo.

  2. hola Ruth, gracias, soy adicto a los finales abiertos y también a los abismos con escritos de doble intención. En la escritura hay que usar la magia representada en las metodologías aplicadas en el desarrollo del escrito.

  3. hola Ruth,
    Ayer empecé a ver una serie televisiva que inicia con una escena de acción y suspenso, que quedó inconclusa y que de repente cambia totalmente a otra escena.
    Estoy ansiosa de ver que que tiene que ver una con otra.
    El punto número uno del efecto de Zeigarnik me hizo recordar esto. Y me doy cuenta que realmente funciona.
    Lo voy a poner en práctica.
    Muchas gracias.

    1. ¡Claro! Estos recursos lo utilizan mucho los guionistas. Espero que te sirvan de inspiración (y no te pierdas esa serie). Un saludo.

  4. A mi me gusta empezar la narración con una escena que plantea una incógnita al lector o un efecto que se pregunte ¿y ahora qué sucederá? o ¿por qué pasa eso? Entonces sigo metiendo a los personajes en laberintos de los que no saben o no pueden salir y que les lleva a una situación límite. Es así como me gusta enganchar al lector.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *